Impacto de bazucazo en la puerta del Antiguo Colegio de San Ildefonso en 1968
La puerta, ubicada en uno de los puntos neurálgicos del movimiento estudiantil hacia la Plaza de las Tres Culturas, sigue de pie como testigo silencioso de aquellos sucesos.

La madrugada del 30 de julio de 1968 fue testigo de un bazucazo que se dirigió contra la puerta del Antiguo Colegio de San Ildefonso, en pleno corazón de la ciudad de México. El impacto fue tan fuerte que podría haber dañado irreparablemente la estructura, pero sorprendentemente sobrevivió a la agresión.
La puerta, ubicada en uno de los puntos neurálgicos del movimiento estudiantil hacia la Plaza de las Tres Culturas, sigue de pie como testigo silencioso de aquellos sucesos. A pesar de haber sido afectada por el bazucazo, se ha conservado con el tiempo y ahora es considerada una pieza de museo, pero también un recordatorio de la represión que sufrió México en aquella época.
El Antiguo Colegio de San Ildefonso no fue el único lugar que resultó afectado por los sucesos del 68. La antigua sede de la Escuela Nacional Preparatoria también dejó una huella visible de la represión que se vivió en ese momento, y es un recordatorio importante para las generaciones más jóvenes.
Una de las personas que conservan viva la memoria de aquellos días es Rosario Jiménez, quien vivía en los alrededores del colegio en 1968. Años después, se convirtió en egresada de la Preparatoria 1 y ahora trabaja como voluntaria en los recorridos del Antiguo Colegio de San Ildefonso.
Jiménez tiene una relación cercana con el lugar que conocía desde niña y ha compartido su experiencia sobre lo que vivió en aquel momento. Recuerda haber visto la puerta poco después del ataque mientras caminaba por la calle de Justo Sierra junto a su padre.
La imagen de la puerta cubierta de sangre, con cabellos mezclados con ella, quedó grabada en la memoria de Jiménez. Para ella, aquella escena fue impactante y ha sido un recordatorio constante del bazucazo que sufrió el colegio.
En los días posteriores al ataque, la puerta fue retirada debido a los graves daños que había sufrido. En un primer momento, se encontró arrumbada bajo la escalera situada a un costado de la entrada principal del recinto, pero con el tiempo ha sido conservada como parte importante de la historia del lugar.
La preservación de la puerta es un recordatorio constante de los sucesos del 68 y la represión que sufrió México en aquella época. Es un llamado a reflexionar sobre el pasado y a aprender de las experiencias vividas para evitar que se repitan en el futuro.
La historia de la puerta es solo una parte de la rica experiencia que se vive en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, un lugar que ha sido testigo silencioso de muchos sucesos importantes en la historia de México.
La puerta trasladada a otro lugar después del bazucazo, su destino desconocido.
Se cree que la puerta fue trasladada a otra ubicación, aunque no hay registros precisos sobre dónde exactamente se encuentra ahora.
Las anécdotas de Chávez revelan detalles fascinantes sobre la historia de la puerta, recogidas durante sus visitas guiadas al acervo del Antiguo Colegio de San Ildefonso.
En ese entonces, la Universidad no contaba con un equipo dedicado a preservar su patrimonio cultural, lo que explica por qué la memoria histórica del recinto desempeñó un papel importante en la conservación de la puerta.
A pesar de los daños causados por el bazucazo, la puerta fue valorada por su importancia histórica y se decidió preservarla.
Un elemento curioso es que aunque la puerta reproduce el diseño barroco del antiguo colegio jesuita, no data del siglo XVIII como podría esperarse.
Según Chávez, la puerta fue construida en el principio del siglo XX por Samuel Chávez, quien se inspiró en la arquitectura original del recinto para diseñar el anexo.
La puerta ubicada sobre la calle Justo Sierra es uno de los lugares más importantes del recuerdo histórico de Tlatelolco.
Esta puerta no debe confundirse con la entrada principal del edificio de San Ildefonso, que también ha sido objeto de restauración en el pasado.
En 2010, durante las labores de conservación y restauración en conmemoración del Bicentenario de la Independencia de México, se tuvo la intención de intervenir la cantera de San Ildefonso.
Esta decisión podría haber resultado en la pérdida de evidencias del ataque ocurrido el 2 de octubre de 1968.
Se hizo un señalamiento para proteger las huellas de las balas que aún se podían ver, a fin de preservar la memoria histórica de aquella madrugada.
A pesar de este esfuerzo, parte de la cantera del lado derecho fue intervenida, lo que significó la pérdida de algunas de esas huellas.
La vieja sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores en Tlatelolco pasó a manos de la UNAM en 2005.
Fue entonces cuando se creó el Museo Memorial del 68, un proyecto dedicado a preservar la memoria del movimiento estudiantil de 1968.
Para construir este memorial, se reunieron testimonios de personas que vivieron el 68 desde diferentes perspectivas: integrantes del movimiento estudiantil, miembros de las brigadas del Consejo Nacional de Huelga y estudiantes.
Se grabaron alrededor de 150 horas de entrevistas con cerca de 54 testimonios para contar lo ocurrido a través de las voces de quienes lo vivieron o analizaron sus consecuencias.
La puerta de San Ildefonso llegó al Memorial del 68 después de un proceso inesperado. Según Arroyo, el doctor en antropología y arte que diseñó el memorial, la puerta se encontraba guardada en una bodega de la Preparatoria 7.
Una conversación casual con un trabajador de la Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM puso a Arroyo sobre la pista de la ubicación de la puerta. Interesado, decidió verificar la información y contactar a las autoridades de la Preparatoria 7.
Arroyo se dirigió a la Viga para visitar la bodega donde se suponía que se encontraba la puerta. Al llegar, confirmó que efectivamente estaba allí, aunque esperaba encontrarla en un estado más dañado de lo que realmente era.
La sorpresa fue mayor al ver que la puerta conservaba una forma significativa, a pesar de estar fragmentada y rota. Arroyo pensaba que se trataba de una pieza prácticamente perdida, pero la realidad era diferente.
Fue entonces cuando decidió rescatarla para incorporarla al Memorial del 68. La puerta de San Ildefonso pasó a ser un objeto emblemático del recinto, aunque inicialmente no fue así.
Entre quienes ayudaron a conservar y restaurar la puerta se encontraba Fernando Sánchez Torres, quien había sido estudiante en la Preparatoria 1 en 1968. Él y el profesor José Castillo Ferrara pidieron a las autoridades que se conservara y restaurara la puerta.
La llegada de la puerta al Memorial del 68 fue un momento importante en el proceso de creación del memorial, ya que representaba algo significativo que debía hacerse visible.
La restauración de la puerta fue un proceso cuidadoso, en el que dos trabajadores de la Universidad desempeñaron un papel clave.
Antonio Hernández y Roberto Amelco, los carpinteros encargados del trabajo, demostraron una gran dedicación al rescatar la pieza y devolverle su esplendor original.
La decisión de colocar la puerta a nivel de piso en el Memorial fue un aspecto estético importante, aunque con el tiempo comenzó a afectar su conservación.
Cintia Velázquez recuerda que se decidió colocarla sobre una base para protegerla del uso cotidiano y las labores de limpieza.
Velázquez también menciona que en 2009 la puerta fue exhibida en el lobby del CCUT, como una forma de destacar su importancia dentro del Memorial.
En ese momento se buscaba darle un lugar especial a esta pieza, mostrándola como un objeto significativo para el recuerdo del movimiento estudiantil.
La creación del Memorial del 68 fue un proyecto que involucró a múltiples voces y perspectivas.
Cintia Velázquez recordó que entró como asistente curatorial de Álvaro, uno de los pilares del proyecto, mientras que Alejandro García se encargaba de la museografía.
La incorporación de objetos originales al Memorial fue un aspecto clave en su diseño y creación.
Durante mucho tiempo, la puerta fue el único objeto original de la época que se exhibía en el Memorial del 68.
La puerta que conserva la memoria del 68 es un objeto más que un simple recordatorio del pasado. Según Jaso, lo importante no está en los objetos en sí mismos, sino en las historias y experiencias que se vinculan a ellos.
Para ella, el valor de los objetos como la chamarra o la puerta radica en las narraciones y memorias compartidas por la gente. Estas historias son lo que realmente importa, no solo ver los objetos en un museo.
La puerta fue una prueba indiscutible del gobierno de turno en 1968. Fue evidencia de lo ocurrido aquella madrugada cuando el ejército disparó contra los estudiantes en la calle de San Ildefonso. Los medios intentaban deslegitimar la protesta, pero el rector Javier Barros Sierra facilitó un programa en Radio UNAM para que los jóvenes informaran directamente sobre sus acciones.
En el segundo programa del Consejo Nacional de Huelga (CNH), los estudiantes tocaron el tema de la puerta de San Ildefonso. Bajo la supervisión del escritor Carlos Monsiváis, el programa se transmitió entre agosto y octubre de aquel año. Esta acción permitió a los jóvenes contar su versión de lo ocurrido.
La puerta que conserva la memoria del 68 es un recordatorio viviente de una época tumultuosa en la historia de México. A través de sus historias, sigue siendo relevante para entender el contexto de la época y las luchas de los estudiantes en aquel momento.
Datos basados en información reportada originalmente por El Universal Cultura.
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