La reciente conclusión de la exposición “Relatos modernos. Obras de la colección Gelman Santander” en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México ha suscitado un sinfín de inquietudes y reflexiones en el mundo del arte. Tras casi 20 años de estar fuera de México, el regreso de este acervo ha generado un eco considerable entre los amantes del arte, planteando preguntas sobre su relevancia y el impacto de su partida.
¿Por qué ha captado tanto interés la salida de estas obras? A lo largo de los años, los mexicanos hemos creado un vínculo especial con nuestros grandes artistas, como Rivera, Orozco, Siqueiros, Tamayo y Kahlo, en especial con piezas únicas como “El abrazo del amo de el universo, la Tierra (México), Diego, yo y el Sr. Xólotl”. Esta pintura, llena de simbolismo, presenta a Frida Kahlo vistiendo un traje tehuana, haciendo un fuerte reclamo a su identidad cultural y personal.
Asimismo, el arte no solo es admirado por su poder estético, sino también por el prestigio y el valor de inversión que representa. Las obras de Jacques y Natasha Gelman, aunque están fuera de nuestro alcance físico, forman parte de un legado que trasciende fronteras; de hecho, así como los Chagalls no pertenecen a Rusia ni el impresionismo a Francia, el arte es un fenómeno global.
Es fundamental destacar que gran parte de la producción de nuestros artistas más destacados sigue presente en México. Sin embargo, la difusión y valoración de estas obras es escasa. Tras más de dos décadas, un regreso al ex hacienda de Chapingo revela la impresionante herencia artística que permanece a nuestra disposición. Los frescos de la Capilla Riveriana, creados entre 1923 y 1927, son un testimonio de la fusión entre el pasado prehispánico y la promesa revolucionaria de la época. ¿No debería haber filas interminables para admirar este patrimonio?
El Cárcamo de Dolores, que conmemora el final de los trabajos del sistema de Lerma, también representa una experiencia artística integral que incita a la reflexión sobre el agua como fuente vital. Este complejo, realizado con la colaboración de Diego Rivera, ofrece una inmersión que va más allá de la simple contemplación.
Durante la exposición de la Colección Gelman, se registraron más de 320,000 visitantes en solo tres meses, un índice que rivaliza con las cifras de museos internacionales como el Louvre o el Museo del Prado. Este éxito demuestra que, si bien estas sesenta y ocho obras atrajeron multitudes, hay espacios locales como el Cárcamo o la Rectoría de la Universidad de Chapingo, que podrían recibir igual, si no más, atención y aprecio por parte del público.
El arte de alto nivel está presente en México; lo que falta es ofrecerle el reconocimiento que merece. La reflexión que nos queda es clara: debemos construir una cultura que valore y fomente la apreciación del arte, no solo en momentos de controversia, sino en todas sus formas y expresiones.
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