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La provincia de Soria es el epítome de la España vaciada. Pero hace 2.100 años estaba de rabiosa actualidad y, además, intensamente poblada por unas gentes de carácter pendenciero a las que no les gustaba nada que vinieran forasteros. Que se lo digan, si no, a los romanos, que con toda la grandeur de su imperio y toda su tecnología militar necesitaron dos décadas para vencerlos. Y cuando lo lograron, los arévacos, que serían algo así como los protosorianos, prefirieron quitarse la vida a ser sometidos y esclavizados. Todo esto lo explican, obviamente de una manera más académica, en las ruinas de Numancia, en la localidad de Garray, muy cerca de la capital soriana, el gran referente del encuentro no siempre amistoso entre el mundo celtíbero y el romano y símbolo universal de la resistencia de un pueblo frente al invasor. Numancia aguantó durante décadas el asedio de las legiones romanas, hasta que Escipión Emiliano la tomó en el año 133 a.C. tras un brutal cerco de 11 meses.
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