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En el Mundial más largo de la historia, por primera vez con 48 selecciones —incluso ya se sopesa ampliarlo a 64 para próximas ediciones— ha habido hueco para todo tipo de relatos. Historias de superación como la de Orlando Gill, el portero paraguayo héroe de la eliminación de Alemania; selecciones sorpresa como Cabo Verde, que no perdió ningún partido en los 90 minutos contra España, Uruguay, Arabia Saudí y Argentina, con la que cayó con mucho honor en la prórroga; pero también ha habido un escaparate para las estrellas. En Estados Unidos, México y Canadá las máximas figuras han dejado actuaciones para el recuerdo como el doblete de Erling Haaland a Brasil o el que también sellaron Mbappé contra Suecia y Bellingham frente a México. Eso sí, mantuvieron un nivel muy regular durante todo el torneo. Algo que no sucedió con otros futbolistas que dejaron algún pequeño destello, pero de los que se esperaba mucho más. Es el caso de Vinicius o Cristiano Ronaldo, que dejaron algún fogonazo por el camino. Pero más que el Sol que encandila regularmente, fueron estrellas fugaces que se apagaron súbitamente. Aunque tienen una cosa en común: todas se quedaron por el camino.
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