La presidenta Claudia Sheinbaum ofreció recientemente una reflexión sobre la histórica presión que ha ejercido Estados Unidos sobre México respecto al narcotráfico, conectando las manifestaciones actuales con episodios del sexenio de Miguel de la Madrid, que transcurrió entre 1982 y 1988. Al abordar este tema durante su conferencia mañanera, Sheinbaum subrayó que las acusaciones han sido parte de una estrategia de injerencia política que persiste a lo largo de las décadas.
Haciendo eco de los recuerdos de De la Madrid, la mandataria leyó fragmentos de sus memorias donde el entonces embajador estadounidense, John Gavin, argumentaba que “donde hay humo, hay fuego”, al referirse a las acusaciones de vínculos de funcionarios mexicanos con el narcotráfico. Este tipo de señalamientos, sin pruebas concretas, formó parte de un patrón de presión que Sheinbaum sostiene que sigue vigente.
Además, rechazó la idea de que el expresidente Donald Trump dirija una ofensiva contra México. Según ella, detrás de las tensiones bilaterales hay grupos de ultraderecha en ambos países, que buscan deteriorar la relación bilateral por razones ideológicas. Se refiere a sectores en EE. UU. que anhelan crear un distanciamiento con México, lo que añade un matiz a las dinámicas diplomáticas modernas.
Pese a los desacuerdos recientes en materia de seguridad y narcotráfico, Sheinbaum enfatizó que la relación con el gobierno estadounidense se mantiene abierta y tiene comunicación continua. Destacó que existen canales diplomáticos activos y reuniones de cooperación en seguridad, lo que respalda su afirmación de que hay “mucha comunicación” entre autoridades mexicanas y la Casa Blanca.
En su análisis, la presidenta sugirió que ciertos comentarios y versiones sobre México pueden estar motivados por intereses políticos y electorales en EE. UU., buscando influir en el panorama político mexicano de cara a elecciones futuras. Citó, como ejemplos, las recientes acusaciones sobre la seguridad en Chihuahua y los señalamientos contra exfuncionarios de Sinaloa, argumentando que estas narrativas están impulsadas por sectores políticos específicos.
Finalmente, Sheinbaum recordó que el narcotráfico ha sido históricamente utilizado como una herramienta de presión contra México y que, según De la Madrid, este fenómeno continuaría generando tensiones en las relaciones bilaterales. En suma, su análisis reafirma la constancia de estas presiones a lo largo de los años, sugiriendo que son parte de una historia que no ha cambiado significativamente desde entonces.
Con este contexto, queda claro que las relaciones entre México y EE. UU. siguen evolucionando, cargadas de múltiples desafíos, donde el narcotráfico emerge como un tema central que concita tanto atención como controversia.
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