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Hace poco leí un libro traducido al español como La edad ridícula y que firma Maryam Madjidi. Cuenta episodios de una joven de familia iraní que crece en la periferia de París. Si es cierto que los adolescentes españoles están volviendo a girar hacia un racismo y clasismo que creíamos zanjado, este es un libro que podría resultar adecuado como lectura formativa. Herederos de la senda que abrió la fallecida Marjane Satrapi con Persépolis, muchos iraníes en el exilio se benefician de un respaldo familiar insólito, y del hecho de proceder de una cultura milenaria, en muchos casos refrendada con el acceso universitario. Han dejado su huella en todos los sectores donde se han asentado y, pese al desastre de la política de Trump, que ha destrozado el atisbo de revolución interna que soñaba con derrotar a la dictadura clerical que los oprime desde hace décadas, hay que confiar en que logren algún día recuperar su autonomía y libertad. A lo largo del texto Madjidi reflexiona, entre otros ritos de la adolescencia, sobre los profesores que le inyectaron la pasión, pero también aquellos que se la achicaron. La autora los resume en dos tipos reconocibles: los Guerreros vencedores y los Guerreros vencidos.
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