La reciente decisión del Gobierno federal de cancelar el proyecto hidroeléctrico de la presa La Parota marca un giro significativo en la política de desarrollo sustentable en México. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció este cambio durante la presentación del programa Pensión Mujeres Bienestar en Acapulco, enfatizando que la obra afectaba directamente a las comunidades de la región, así como al medio ambiente.
Desde su propuesta en la década de 2000, La Parota, impulsada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), se enfrentó a una fuerte resistencia. Habitantes de las comunidades cercanas, ejidatarios y diversas organizaciones sociales habían denunciado durante años los riesgos asociados con el proyecto, que incluía el desplazamiento de pobladores, la inundación de tierras agrícolas y un impacto ambiental considerable.
Sheinbaum, con un enfoque claro en el desarrollo sustentable, reafirmó: “La Parota no va”. En lugar de esto, su administración está implementando un sistema de pozos radiales y renovando la infraestructura hidráulica, con el objetivo de asegurar un suministro constante de agua potable en Acapulco, una ciudad que ha luchado con el desabasto del servicio. “Estamos haciendo torres muy altas con pozos radiales para que, independientemente de cualquier eventualidad que afecte el río, las bombas no se vean comprometidas”, explicó la mandataria.
Esta decisión responde a las crecientes quejas de los habitantes de Acapulco por la falta de agua potable. Según reportes locales, muchas colonias han lidiado con meses sin suministro, llevando a los vecinos a bloquear la carretera federal Acapulco-México en busca de soluciones.
Como parte de este nuevo enfoque, se contempla la rehabilitación de las redes de distribución de agua en varias colonias, comenzando por Ciudad Renacimiento. La presidenta subrayó que la iniciativa busca no solo mejorar el abastecimiento, sino también respetar y proteger a las comunidades locales y su entorno.
Con estos cambios, el Gobierno busca dar respuesta efectiva a una problemática histórica, además de priorizar el bienestar de la población sobre grandes proyectos que, aunque prometen avances económicos, conllevan riesgos para el tejido social y el medio ambiente. En medio de esta transición, la comunidad de Acapulco ahora espera que las nuevas propuestas se concreten en acciones tangibles que mejoren su calidad de vida.
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