Alejandro Jair García Jiménez, subgerente de Climatología y Servicios Climáticos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), plantea una inquietante realidad: la urgente necesidad de desarrollar sistemas de alerta temprana para notificar a la población sobre las peligrosas altas temperaturas. Esta problemática se ha convertido en una de las principales amenazas meteorológicas a nivel global, con consecuencias letales. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi medio millón de personas mueren al año a causa de la exposición al calor extremo.
En México, el impacto de estas altas temperaturas ha sido particularmente alarmante. En 2025, se registraron 83 muertes relacionadas con el calor, y el año anterior, 2024, marcó un récord con 330 defunciones. Este último ha sido catalogado no solo como el más caluroso en la historia del país, sino también a nivel mundial. García Jiménez enfatiza que tanto la OMS como la Organización Meteorológica Mundial (OMM) han subrayado que estos eventos extremos son predecibles, lo que implica que es posible anticipar y preparar respuestas adecuadas para mitigar sus efectos.
El calor extremo también afecta otros aspectos vitales de la vida cotidiana. En 2024, el SMN colaboró con la Secretaría de Energía para abordar problemas relacionados con el abastecimiento de electricidad, ya que el uso de aire acondicionado y otros equipos de refrigeración aumenta drásticamente durante las olas de calor, presionando la infraestructura eléctrica del país.
Una de las áreas más preocupantes es la de los incendios forestales. Durante su presentación en la conferencia “Las Ciencias de la Tierra desde el Servicio Meteorológico Nacional”, García Jiménez destacó la colaboración con la Comisión Nacional Forestal para identificar incendios a través de imágenes satelitales. Estas imágenes permiten distinguir entre un basurero y un incendio forestal, facilitando la respuesta inmediata de las autoridades. En 2024, se contabilizó el mayor número de hectáreas afectadas por fuego, superando el millón, una cifra que se prevé que se repita en 2026.
Con este panorama, la implementación de sistemas de alerta temprana no solo es una necesidad, sino un imperativo para salvar vidas. En un mundo donde las condiciones climáticas son cada vez más extremas, contar con mecanismos de aviso oportunos puede marcar la diferencia, tanto en la protección de la salud pública como en la prevención de desastres ecológicos. Es esencial que tanto las autoridades como la ciudadanía se mantengan informados y preparados ante estos riesgos.
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