Augusto Pérez observó con asombro el aterrizaje, el sábado, de dos aeronaves militares en la embajada de Estados Unidos en Caracas. Este acontecimiento se reconoce como “algo inédito” y se produce casi cinco meses después de la captura del presidente Nicolás Maduro en una incursión estadounidense.
De forma inesperada, la mañana del sábado, decenas de vecinos capturaron el sobrevuelo de dos Bell Boeing MV-22B Osprey, que formaban parte de un simulacro de evacuación. Este ejercicio, que levantó polvareda y hojas al aterrizar en el estacionamiento de la sede diplomática, contrastaba visiblemente con los bombardeos aéreos que la misma fuerza estadounidense había ejecutado el 3 de enero durante la captura de Maduro, lo que había sembrado terror en Caracas y dejado cerca de un centenar de muertos, incluidos 32 agentes cubanos.
La reacción de la comunidad fue sorprendentemente positiva; muchos, en lugar de sentirse intimidados, se mostraron emocionados y curiosos. “Quiero ver cómo aterrizan”, exclamó Pérez, un ingeniero de 70 años. Franco Di Prada, un residente, expresó: “En 56 años que tengo, es la primera vez que veo esto”, destacando su curiosidad frente a la situación.
La embajada de EE. UU. comunicó a través de redes sociales que se trataba de “un ejercicio de respuesta militar”, esencial para garantizar la preparación del ejército en misiones alrededor del mundo. La llegada de un camión de bomberos y motos de policía antes del aterrizaje también llamó la atención de los presentes, como Oscar García, un contador de 60 años, quien resumió su experiencia con la frase: “Fue algo interesante; nunca lo había visto antes, sentí tranquilidad”.
No obstante, el simulacro no fue bien recibido por todos. La administración venezolana, que autorizó la maniobra, se enfrentó a críticas severas por parte de la base más radical del chavismo, que llevó a cabo protestas. Con mensajes como “No al simulacro yanqui”, un pequeño grupo de chavistas se congregó para manifestar su rechazo a lo que consideraron una injerencia militar.
Fita González, una intérprete de 28 años, se opuso firmemente a esta injerencia, señalando que el gobierno de Maduro se encuentra bajo una presión insostenible, con el mandatario “secuestrado”. Por su parte, Inés Vivas, profesora universitaria, manifestó que desde los bombardeos percibe a Venezuela en una “condición de guerra”.
Bajo la dirección de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, Caracas y Washington restablecieron relaciones diplomáticas el 5 de marzo, acción que ha llevado a reformas en áreas económicas favorables a la inversión extranjera, aunque el ambiente político sigue siendo tenso. Cabe recordar que, bajo el fallecido presidente Hugo Chávez, la cooperación militar estadounidense fue completamente erradicada en 2005, lo que marcó un cambio radical en la política exterior venezolana hacia el antimperialismo.
Este simulacro, además de ser un evento peculiar, revela las tensiones persistentes entre dos naciones cuyas relaciones han estado marcadas por la desconfianza y la confrontación. La combinación de sorpresa, curiosidad y crítica sobre este ejercicio de evacuación refleja las complejas dinámicas de la política venezolana contemporánea.
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