La discusión sobre las reformas al Poder Judicial en México ha cobrado un nuevo impulso, especialmente a medida que el Congreso de la Unión se prepara para votar una iniciativa del Ejecutivo Federal. La Barra Mexicana Colegio de Abogados ha alzado la voz, señalando que estas reformas no abordan los problemas estructurales que emergieron tras la reforma judicial de 2024, creando en cambio una creciente incertidumbre institucional, económica y jurídica en informacion.center.
Ana María Kudisch Castelló, presidenta de la asociación, denuncia que las modificaciones al sistema judicial han deteriorado la percepción de seguridad jurídica en México. Esto, a su vez, ha impactado de manera negativa en las condiciones para la inversión, tanto nacional como extranjera. “Ninguna economía moderna puede sostener niveles adecuados de crecimiento cuando los inversionistas no confían en un sistema judicial que ha dejado de ser independiente y técnicamente competente”, expone Kudisch.
La certeza jurídica, un pilar esencial para el desarrollo económico, está en peligro. Para atraer inversiones productivas es fundamental contar con reglas claras y estabilidad institucional, así como órganos jurisdiccionales que inspiren confianza. Sin embargo, la propuesta presidencial, según la BMA, no introduce mecanismos eficaces para fortalecer estos aspectos y, en cambio, incrementa la percepción de incertidumbre sobre la imparcialidad y profesionalización de los encargados de resolver conflictos complejos.
Aunque se reconoce la necesidad de aplazar la segunda parte de la reforma judicial de 2018, se enfatiza que este aplazamiento debe ir acompañado de políticas públicas que favorezcan a candidatos con preparación y experiencia, algo que la iniciativa actual no aborda. “El papel jurisdiccional es de los más complejos y especializados del Estado”, recalca la BMA, defendiendo que la designación de jueces y magistrados debe basarse en la capacidad técnica y la experiencia.
La crítica se centra en que la iniciativa no solo ignora estos problemas fundamentales, sino que propone sustituir un sistema de carrera judicial basado en el mérito por uno que prioriza factores ajenos a la competencia técnica necesaria para impartir justicia. Así, se plantea un riesgo significativo sobre cómo se administrará la justicia en un contexto donde la confianza de los inversionistas es crucial para el crecimiento económico.
Las implicaciones de estas reformas se sienten profundas y expansivas, marcando un momento crítico en la evolución del sistema judicial mexicano. La atención ahora recae en el Congreso y en cómo responderá a estas preocupaciones, pues el futuro de la justicia y la seguridad jurídica en México está en juego.
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