Meta, la matriz de Facebook e Instagram, ha decidido abandonar la iniciativa global RE100, destinada a fomentar el uso exclusivo de electricidad procedente de fuentes renovables. La confirmación de esta salida se produjo el pasado viernes, generando un revuelo en el ámbito de la sostenibilidad corporativa. RE100, impulsada por la organización británica Climate Group, cuenta con 444 miembros, entre los que se encuentran gigantes tecnológicos como Apple, Google y Microsoft.
Hasta hace poco, la página de Climate Group aún incluía a Meta entre sus aliados, pero ese ha dejado de ser el caso. La empresa se había comprometido a este pacto en 2016, pero su reciente decisión se enmarca en un contexto de intensificación en la construcción de centros de datos por parte de las principales firmas tecnológicas, enfocadas en el desarrollo de modelos de inteligencia artificial.
Cabe destacar que Meta ha firmado acuerdos con empresas de servicios públicos para activar nuevas instalaciones de energía de gas natural. Según un portavoz de la compañía, la firma mantendrá su curso de inversión en energías renovables y asegura que su salida de RE100 no altera su objetivo de compensar el consumo de electricidad con un 100% de energía limpia. Sin embargo, Climate Group ha indicado que las inversiones en energía de gas no cumplen con los criterios técnicos de la iniciativa.
El gas natural, a menudo presentado como un “combustible puente” hacia un futuro más sostenible, aunque sus emisiones sean inferiores a otros combustibles fósiles, también plantea serias preocupaciones debido a las fugas de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potentes. Esta contradicción ha llevado a una reflexión sobre el compromiso real de las empresas hacia la sostenibilidad.
Meta no está sola en esta transformación: Microsoft recientemente forjó un acuerdo con Chevron para la provisión de electricidad a un centro de datos en Texas, y Google ha seguido una senda similar. Estos movimientos resaltan una tendencia creciente entre las grandes corporaciones a equilibrar el crecimiento y la sostenibilidad, aunque muchos críticos cuestionan si estas acciones son suficientes para enfrentar la crisis climática.
Este cambio en la estrategia de Meta se produce en un momento clave en la discusión global sobre energía y sostenibilidad, dejando a la industria con un dilema sobre cómo avanzar hacia un futuro realmente limpio.
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