El ámbito de la salud enfrenta un cambio paradigmático crucial, especialmente para México, donde una recentísima Resolución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), adoptada en febrero de 2026, marca un nuevo rumbo en la medicina contemporánea. Esta resolución, centrada en la Medicina de Precisión, desafía el modelo de tratamiento estándar de “talla única”, que ha demostrado ser ineficaz tanto financiera como clínicamente.
La Medicina de Precisión, que amalgama genómica, bioinformática y terapias avanzadas, ya no es solo un lujo reservado para naciones desarrolladas; se ha convertido en un elemento esencial para alcanzar la Cobertura Universal de Salud. En el contexto mexicano, la resolución representa una coyuntura clave que urge a una transformación estructural en las instituciones de salud, como el IMSS y el ISSSTE.
El diagnóstico del sistema de salud nacional es claro: los costos derivados de un enfoque empírico en el tratamiento de enfermedades crónicas y oncológicas son insostenibles. Prescribir medicamentos de alto costo sin un análisis genético previo se traduce en un gasto innecesario, pues, debido a la diversidad genética de la población, muchos tratamientos resultan ineficaces o generan efectos adversos severos. La OMS ha evidenciado que la medicina de precisión puede ser rentabla, al disminuir el tiempo de diagnóstico y los efectos indeseables gracias a la farmacogenómica.
Sin embargo, la adaptación a este nuevo enfoque no está exenta de retos. La falta de datos genómicos representativos, la escasez de bioinformáticos clínicos y un marco regulatorio desactualizado son barreras que deben ser rápidamente superadas. Invertir en biotecnología sin fortalecer la infraestructura diagnóstica y digital desemboca en un grave desbalance.
La OMS anticipa un crecimiento en la inversión global en Medicina de Precisión hacia 2030. Ignorar este impulso puede condenar a México a depender de tecnologías externas, sin adaptarse a sus necesidades demográficas. La regulación inadecuada también puede disuadir la Inversión Extranjera Directa en ensayos clínicos, privando a la población de acceso a innovaciones.
Frente a esta realidad, las autoridades sanitarias mexicanas deben actuar con celeridad. La integración de la Medicina de Precisión a través de los Protocolos Nacionales de Atención Médica (PRONAMs) es esencial. Se deben incluir metas claras y presupuestos etiquetados que garanticen el perfilamiento genómico previo a la aplicación de terapias biológicas.
Otro campo estratégico es la creación de una infraestructura de datos robusta, que asegure la gobernanza adecuada de la información y el uso ético de la Inteligencia Artificial en salud. Además, es vital que el Consejo de Salubridad General evalúe las tecnologías de diagnóstico como herramientas imprescindibles, ya que prevenir tratamientos ineficaces genera ahorros significativos.
La OMS ha trazado un camino claro: la Medicina de Precisión será el nuevo estándar en la atención sanitaria. Aferrarse a un paradigma anticuado no solo es ineficiente, sino que constituye una oportunidad perdida para mejorar la atención de enfermedades costosas. Este momento exige no solo una acción decisiva, sino un compromiso renovado hacia la ciencia y la innovación, recordando que “la ciencia y las aplicaciones de la ciencia son dos cosas unidas como el fruto y el árbol que lo produce.”
Esta situación pana en evidencia no solo la urgencia de una resolución, sino la potencial revolución que se avecina en el sistema salud.
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