La reciente muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “el Mencho”, plantea interrogantes sobre el futuro del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Contrario a un desplome inminente, especialistas sugieren que la estructura del cártel está lo suficientemente robusta para continuar operando eficazmente sin su líder. Esta organización se ha afianzado como una entidad criminal que opera bajo un modelo “corporativo”, caracterizada por divisiones operativas y alianzas internacionales, lo que facilita su adaptación a cambios de liderazgo.
Según Alberto Guerrero, experto en seguridad, el CJNG no se asemeja a las agrupaciones tradicionales del crimen organizado. La organización ha evolucionado en un sistema que no depende exclusivamente de un único mando; por tanto, la reciente pérdida no implicará su desmantelamiento, sino más bien un proceso de reorganización interno. Esto podría incluir la asignación de nuevos líderes y la redefinición de las áreas económica, financiera y territorial del cártel.
Sin embargo, se anticipa un aumento en la violencia a corto plazo, ya que el grupo busca consolidar su nuevo liderazgo. Un aspecto crucial de este escenario es la capacidad del Estado mexicano para desmantelar las operaciones financieras del cártel ahora que se encuentra en una posición vulnerable. Guerrero destaca que un enfoque coordinado entre diversas instituciones, como la Unidad de Inteligencia Financiera y el Servicio de Administración Tributaria, será fundamental para frenar los flujos de capital que alimentan sus actividades.
El CJNG opera con un modelo descentralizado, facilitando su resistencia ante la pérdida de líderes. El análisis de Víctor Hernández, director del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, refuerza esta perspectiva al señalar que la organización cuenta con sólidas alianzas internacionales y ramificaciones en diversas regiones del mundo, desde África hasta Europa. Esta red de contactos le permite perpetuar su operación sin depender de una jerarquía centralizada.
Las posibles tensiones por una lucha interna por el liderazgo podrían desencadenar una escalada de violencia significativa, lo que, a su vez, podría llevar al estado mexicano a activar el Plan DN-II, diseñado para enfrentar amenazas graves a la seguridad interna. Esta situación no solo tendría implicaciones locales, sino que podría resonar a nivel internacional, afectando eventos de gran magnitud, como el Mundial de Fútbol que se celebrará en conjunto con Estados Unidos y Canadá.
En el contexto internacional, la colaboración entre fuerzas mexicanas y estadounidenses en operaciones contra el cártel podría ser interpretada como un éxito por ambas partes. Sin embargo, también existe la posibilidad de que se utilice como un argumento para fortalecer la narrativa de que México carece de control sobre su territorio. Expertos consideran que mientras el abatimiento de líderes puede ser un enfoque efectivo en México, en Estados Unidos se prefiere la captura para obtener información clave que permita una lucha más eficiente contra el narcotráfico.
Frente a estos desafíos, es evidente que el Estado mexicano necesita replantear su estrategia a largo plazo en la lucha contra el narcotráfico. La discusión sobre la legalización de ciertas drogas podría surgir como una alternativa viable, dado que la eliminación de líderes no ha demostrado ser una solución definitiva para desmantelar organizaciones, que usualmente ya tienen sucesores designados.
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