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Mi hija de 2º de ESO tiene hoy un curioso examen de Matemáticas: les plantea un ejercicio sobre algo del temario que aún no han visto para evaluar su capacidad de buscar soluciones a problemas que no les han enseñado a resolver. No es nuevo, es el “aprendizaje por descubrimiento”. Lo que me parece novedoso es evaluarlo. ¿Qué nota le damos al que no sea capaz de encontrar la solución? Si tiene que enfrentarse a conceptos que no entiende, ¿qué es lo que penalizamos? ¿La falta de capacidad?, ¿la falta de originalidad?, ¿el desinterés para intentarlo? Quizá eso sea lo único punitivo: no intentarlo. Porque de los errores, se aprende. Hay que equivocarse para mejorar. Quizá tengamos que aprender a premiar los errores y no a penalizarlos: en un mundo basado en las apariencias, lleno de suntuosos escaparates, aplaudamos a los que se equivocan y siguen intentándolo. Aplaudamos los errores y las caídas, que, aunque no tengan tantos likes, son más habituales que los éxitos.
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