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El mes de julio no solo inaugura la temporada de sol, playa y rebujito. El verano también da el pistoletazo de salida a una de las negociaciones más delicadas del año en la oficina: las vacaciones. Detrás de los calendarios estivales se esconde una lucha por cuadrar intereses que no siempre coinciden. Mientras los trabajadores intentan cazar las mejores fechas, las empresas hacen malabares para que la productividad no se resienta. El resultado es un cóctel en el que afloran tensiones, malentendidos y, en ocasiones, conflictos laborales.
¿Y si hay un ERTE?
“Si el ERTE supone una suspensión del contrato, durante ese tiempo no se generan vacaciones, porque la obligación de trabajar queda temporalmente suspendida”, explica Daniel Toscani, abogado laboral de Alentta Abogados. En cambio, si es una reducción de jornada, el trabajador sigue acumulando vacaciones. “Un trabajador al que se le suspende su contrato durante seis meses solo generaría 15 días de vacaciones, mientras que un empleado al que se le reduce la jornada un 50% disfrutaría de 30 días de vacaciones, pero solo cobraría la mitad de su sueldo durante ese periodo”, ejemplifica Toscani.
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