La reciente tragedia en la refinería de Dos Bocas, que resultó en la muerte de cinco personas debido a un incendio, ha puesto en evidencia serias preocupaciones en torno a la seguridad y el diseño de esta instalación. Desde su anuncio, el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) advirtió sobre los riesgos asociados a su ubicación, una zona de alto riesgo a nivel del mar, caracterizada por altas temperaturas, sismos, humedad y fuertes lluvias que generan inundaciones.
El fuego, según Petróleos Mexicanos (Pemex), fue provocado por la presencia de hidrocarburos en concentraciones de agua tras recientes precipitaciones. Este hecho alarmante plantea interrogantes sobre la integridad de las cisternas de almacenamiento y la eficacia del drenaje, un problema ya señalado por el Ayuntamiento de Paraíso, que advirtió sobre los riesgos de que residuos habitacionales se descargaran en el mismo sistema.
La consultora en energía GMEC, representada por Gonzalo Monroy, remarcó la necesidad de elevar dos metros la superficie de las 586 hectáreas de la refinería, recomendación que habría prolongado la construcción por dos años adicionales. Sin embargo, este plazo no se alineaba con los objetivos políticos de la anterior administración, interesada en presentar la planta como una obra emblemática de su gestión. La inversión final superó los 20,000 millones de dólares, un alza considerable respecto al compromiso inicial de 8,000 millones, y realizar la elevación habría agregado al menos 2,000 millones de dólares más al costo total, una suma difícil de justificar en un contexto de austeridad.
Expertos como Marcial Díaz, de Qua Energy Consulting, subrayan que la presencia de hidrocarburos en zonas industriales puede ocurrir en bajas concentraciones de manera regular, pero el hecho de que esas trazas alcancen niveles inflamables en áreas abiertas señala deficiencias en tres aspectos críticos: la integridad de los sistemas de contención, la separación efectiva de drenajes pluviales y aceitosos, y la capacidad de manejo ante eventos extraordinarios, como lluvias intensas.
Este incidente resalta una preocupación mayor relacionada con la ubicación de la refinería. Su construcción en una zona costera, baja y expuesta a lluvias, exigía estándares de ingeniería robustos en drenaje y manejo de escurrimientos. Como señala un experto, la ingeniería y la gestión operativa deben adaptarse a la realidad climática y geográfica del sitio.
El índice de accidentes de Pemex es otra alarma. En el cuarto trimestre de 2025, creció un 38.1% anualmente, alcanzando 0.29 accidentes por millón de horas-hombre trabajadas, superando en un 32% la media global estipulada por la Asociación Internacional de Productores de Gas y Petróleo (IOGP).
Mientras la refinería de Dos Bocas continúa en el centro de la controversia, se pone en evidencia la necesidad de abordar de manera urgente las falencias en su diseño y operación, y garantizar un enfoque más riguroso hacia la seguridad en futuras obras. La tragedia y el aumento en el índice de accidentes son llamados de atención que no pueden ser ignorados.
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