La galería Monica Saucedo está presentando una exhibición única de la artista Tracy Lara, titulada “Tonos y tiempo”, que invita al espectador a una experiencia pictórica donde el color trasciende su función visual y se convierte en un medio de memoria y emoción. La obra de Lara, caracterizada por capas y veladuras que crean atmósferas suspendidas, propone una contemplación íntima, distanciándose de narrativas tradicionales y abriendo un espacio sensorial donde el tiempo se experimenta a través de la pintura.
En un enfoque reflexivo, Lara explica que su relación con el color está profundamente ligada a las emociones. Para ella, el color no solo activa recuerdos visuales, sino también sensoriales y afectivos. A través de este marco, el tiempo se percibe dentro de sus obras como una emoción suspendida, un silencio, una pausa. Cada pieza se convierte en un espacio de resonancia emocional, en lugar de una simple imagen.
La metodología de Lara combina intuición y estructura, funcionando como un diálogo constante entre lo que desea expresar y lo que la obra demanda. La artista destaca que su trabajo es un equilibrio entre libertad y control, donde cada capa aplicada es un registro de decisiones, permitiendo una escucha activa inmersa en el proceso. La intuición, esencial en su práctica, abre oportunidades que la técnica enfoca, lo que resulta en una pintura que mantiene el control mientras conserva la espontaneidad.
Lara continúa explorando el concepto de color como una “frecuencia emocional”, una paleta en la que cada elección está influenciada por estados internos y experiencias personales, así como referencia a la historia del arte. Esta visión interconecta profundamente con la noción del tiempo, que se convierte en un aliado creativo en su trabajo.
Un aspecto distintivo de su proceso es la pausa y la duración. La artista menciona que a veces deja reposar ciertas piezas, permitiendo que el paso del tiempo redefine la obra antes de abordarla nuevamente. Este tiempo de espera enriquece la pintura, integrando su estructura.
Lejos de crear narrativas explícitas, Lara busca provocar un estado de contemplación, invitando a cada espectador a conectar con sus propias experiencias emocionales. Las influencias en su trabajo son sutiles y variadas, desde la idea de silencio en el arte japonés hasta temas de resiliencia, sugiriendo que su obra puede inspirar superación ante las adversidades de la vida.
Ubicada en el ámbito de la abstracción contemporánea, la práctica de Lara se distingue por su carácter contemplativo. La artista enfatiza que su trabajo no debe ser una imposición, sino una invitación a encontrar refugio en la pintura, un espacio que calma ante el ruido del exterior. Con una evolución orgánica en su proceso creativo, cada obra integra tanto la energía inicial como una resolución consciente.
Al final, Lara subraya que su interés reside no en la representación, sino en la generación de experiencias vivas. Su pintura no es solo un objeto de contemplación, sino un espacio que se habita, recordando al espectador la necesidad de detenerse, escuchar y sentir. En este acto, cada vez más raro en el mundo frenético actual, se encuentra la verdadera potencia del arte: la capacidad de transformar el tiempo en fortaleza.
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