En un desfile deslumbrante que conmemoró dos décadas de genialidad en el mundo de la moda, Ashi Studio presentó una colección marcada por la riqueza de su narrativa visual. La culminación del evento llegó con una frase inquietante: “Detrás de cada máscara hay otra máscara”, que se erigió como reflexión sobre la complejidad de la identidad y la percepción. La colección se inspiró en fiestas icónicas, desde el Renacimiento en Florencia hasta el célebre “Baile del Siglo” organizado por Carlos de Beistegui en el Palazzo Labia de Venecia en 1951.
El mood board del diseñador evidenciaba referencias a la opulencia de las fiestas de mediados del siglo XX, con imágenes de Beistegui, Grace de Mónaco y Sofía Loren, junto a un gabinete de curiosidades que incluía desde urnas de cristal exquisitamente talladas hasta muestras de tela del siglo XIX y broches en forma de crustáceo. La langosta, un guiño a Salvador Dalí, evoca no solo eventos pasados, sino también la fascinación por la extravagancia que permeó estas celebraciones, como el célebre Baile Surrealista organizado por la Baronesa Marie-Hélène de Rothschild en el Château de Ferrières, donde Dalí también estuvo presente.
El diseñador transportó a sus modelos a un mundo de ensueño, haciéndolos travesar un espejo veneciano en una cautivante jornada nostálgica, adornados con campanas antiguas de cena que resonaban con cada paso. Esa imagen de una figura fantasmagórica, buscando su reflejo en los salones de un château, encapsula el sentido de búsqueda en la colección.
Los trajes exhibieron una amplia gama de innovaciones estilísticas, desde un corsé escultórico en cuero blanco laqueado, que recordaba a una delicada muñeca de porcelana, hasta un elegante abrigo azul pálido aderezado con lentejuelas y piedras preciosas. La amplia variedad se extendió incluso a prendas más audaces, como un vestido de bustier elaborado con plumas de pavo real y flecos.
Piezas como una chaqueta con peplum sculptural en cuero y un vestido negro de satén duchesse, cuya estructura desafiaba la gravedad, también hicieron su aparición. Todo en un contexto donde la nostálgica artesanía se entrelazaba con la vanguardia de la moda contemporánea.
A medida que el diseñador se adentra en esta nueva década, se vislumbra una transformación, un “nuevo estado mental” que augura más innovaciones en su obra. Los rostros familiares en la primera fila, todos luciendo piezas de Ashi Studio, testifican el impacto y la aceptación del trabajo del couturier.
Respecto a la evolución de estos eventos de gala, el diseñador sugirió de manera enigmática que “esa sociedad secreta existe; todos sabemos sobre ella”, insinuando que la esencia de la opulencia y la exclusividad no se ha desvanecido por completo en la era moderna.
Tal descripción de la moda y la celebración se enmarca en una instantánea del tiempo, reflexionando sobre el pasado mientras se proyecta hacia un futuro lleno de posibilidades en el mundo del diseño.
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