Los recientes resultados del primer concurso de ingreso a licenciatura, llevado a cabo en línea por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), han suscitado un intenso debate respecto a la eficacia de sus controles tecnológicos diseñados para garantizar la integridad del examen. Con un notable descenso en el número de aspirantes y un incremento en los puntajes mínimos requeridos para ser admitido, las cifras ponen de manifiesto una situación que podría revisarse profundamente.
En el caso de la carrera de Arquitectura, la UNAM registró una merma significativa en el número de sustentantes, pasando de 4,782 en 2025 a 4,032 en 2026, con una oferta de 250 lugares sin cambios. A pesar de contar con 750 candidatos menos, el mínimo de aciertos necesarios para ingresar se elevó de 96 a 108 sobre una escala de 120 respuestas. Este fenómeno de aumento en la barrera de entrada se observó con mayor intensidad en la Facultad de Derecho, que, aunque ofreció 586 lugares, vio disminuir su número de aspirantes de 6,115 a 5,114, mientras que el mínimo de respuestas correctas se disparó de 89 a 105.
La fluctuación en las cifras no es meramente estadística; las variaciones en los resultados reflejan un cambio en el comportamiento del alumnado y la dinámica de la competencia. El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, ha solicitado la elaboración de un informe exhaustivo y la formación de una comisión técnica para revisar el proceso, un paso que podría arrojar luz sobre los factores que influyeron en estos resultados atípicos. La universidad ha prometido hacer públicas sus conclusiones.
En otras facultades como Ingeniería de Minas y Metalurgia y Fisioterapia, el incremento en los puntajes mínimos fue igualmente notable, a pesar de que el número de aspirantes disminuyó. En Medicina, la variación fue más moderada, reflejando un estado ya cercano al límite superior de aciertos requiridos.
A un nivel más técnico, el examen se llevó a cabo bajo estrictas condiciones de vigilancia digital. Los candidatos debían utilizar un navegador seguro que bloqueaba aplicaciones externas y era capaz de detectar programas de grabación, todo ello mientras se realizaban verificaciones de identidad a través de la captura de fotografías y el monitoreo mediante cámaras web y micrófonos. Aunque estas medidas tienen como objetivo crear un ambiente seguro para la evaluación, su eficacia ha sido cuestionada, especialmente por la imposibilidad de controlar todos los ángulos de visibilidad.
Además, la UNAM registró conductas irregulares y sus correspondientes sanciones, con un 2% de los exámenes cancelados debido a comportamientos contrarios a las normas establecidas. Este porcentaje, aunque pequeño, plantea preguntas sobre los métodos de supervisión y la transparencia en el manejo de las grabaciones obtenidas, las cuales, según los informes, se conservarán bajo estrictas políticas de privacidad.
Mientras la UNAM avanza en su revisión, la comunidad académica y los aspirantes se mantienen a la expectativa. La institución tiene en sus manos un reto considerable para ajustar no solo los métodos de evaluación, sino también para asegurarse de que el acceso a la educación siga siendo justo y accesible.
A medida que se inicia esta investigación, queda claro que la tecnología, si bien puede ofrecer soluciones, también requiere un marco ético y una supervisión adecuada. Los cambios en el sistema de admisión podrían redefinir la experiencia de futuros estudiantes, haciendo de la vigilancia un aspecto crucial en su camino hacia la educación superior.
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