En un día radiante en París, mientras se esperaba la apertura del show de Boloria, un único butterfly danzaba sobre el jardín del Lycée Carnot, capturando la esencia etérea del momento. Aunque Olivier Theyskens no podía haber planeado una sinfonía tan simbólica para su debut, este pequeño evento natural se sintió inquietantemente adecuado. La marca Boloria, cuyo nombre proviene de una mariposa identificada en 1899, marca un nuevo capítulo en la carrera de Theyskens, un diseñador que desde su salida de La Cambre en 1998 ha dejado su impronta en casas de renombre como Rochas, Nina Ricci, Theory y Azzaro.
El espectáculo se hundió de lleno en una romántica atmósfera nocturna, entre vestidos de gran volumen y slips cortados al bies con bufandas etéreas. Theyskens describió las imponentes piezas como “allegorías de vastedad y emoción”, evocando sueños que trascienden dimensiones, solo para despertarse en la realidad. Los grandes vestidos de tafetán negro y azul marino barrían la pasarela, una ilusión semiproclamada que encantaba a los asistentes. Destacaron también los bustiers de tul, atados como vendajes, así como un vestido azul marino con una falda que simulaba un torbellino marino, atrapando en su tejido un shoal de peces plateados.
Después de los impactantes vestidos de apertura, llegaron las prendas de día, que reflejaban una estética despreocupada y elegante. Hombres y mujeres desfilaban con trajes y camisas ligeramente desaliñados, pantalones metidos en calcetines como si se encontraran en un apuro. Theyskens comentó que estas propuestas evocaban una sensación de incertidumbre temporal, una fusión de décadas pasadas que reverberaba en la moda actual. Los colores oscuros dieron paso a tonos de piedra pálida y caqui, con abrigos y pantalones bien confeccionados que se presentaban en una paleta de elegancia clásica.
Los modelos, con cabello despreocupadamente deshecho y maquillaje “desordenado”, fueron un homenaje al look belga que alteró la moda en los años 90. Theyskens confesó que estaba celebrando esa psique, el estilo de vida que emana de lugares como Amberes y Bruselas, una amalgama de referencias culturales de la que surgieron artistas notables.
Boloria está respaldada por el grupo del festival Tomorrowland, conocido por su creatividad y modernidad. Theyskens disfruta de un entorno vibrante en su estudio en la sede de dicho grupo en Amberes, mientras simultáneamente continúa trabajando en su marca personal, creando piezas únicas para clientes privados.
Su retorno a la escena de la moda con un gran show en París es un regalo para un talento que merece ser reivindicado. Theyskens desea que Boloria evoque libertad e independencia, transmitiendo un mensaje que encapsula tanto su espíritu creativo como la poesía de lo que ama. Este debut marca una nueva era no solo para él, sino para la moda en general, provocando una reflexión esencial en un mundo cada vez más interconectado.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























