Israel y Hezbollah han continuado con sus enfrentamientos durante la noche, a pesar del anuncio de un alto el fuego parcial promovido por Estados Unidos. Las hostilidades se han mantenido incluso tras el acuerdo inicial conocido por el gobierno libanés, donde se proponía un “cese mutuo de los ataques” entre ambas partes.
El acuerdo, que cuenta con la intervención del presidente estadounidense Donald Trump, establece que Israel no atacaría Beirut ni los suburbios del sur de la capital libanesa, controlados por Hezbollah, mientras que dicho grupo debería suspender sus ataques hacia el territorio israelí. Sin embargo, esto no significó el final del conflicto, ya que los combates continuaron en el sur del Líbano, evidenciando la fragilidad de este entendimiento.
Las conversaciones previstas en Washington, que tienen lugar estos días, se suman a las ya realizadas desde el inicio del conflicto a principios de marzo, cuando Hezbollah lanzó ataques en represalia por bombardeos israelíes. El presidente libanés, Joseph Aoun, ha defendido la importancia de estas negociaciones como la única vía para poner fin a la guerra, denunciando una “agresión feroz” por parte de Israel en territorio libanés.
En medio de este tenso panorama, Hezbollah reportó haber atacado un tanque israelí en Hadatha, mientras que el ejército israelí interceptó proyectiles provenientes del Líbano. A pesar de los comunicados de ambas partes sobre un alto al fuego, los combates y ataques han continuado, con Netanyahu afirmando que las operaciones militares seguirán en el sur del Líbano, describiendo la situación como violaciones repetidas de Hezbollah.
Trump, quien ha asumido un papel activo en la mediación del conflicto, se comprometió a evitar una ofensiva de gran escala contra Beirut. Alega haber persuadido a Netanyahu para que no lanzara un ataque importante, mientras que líderes de Hezbollah supuestamente acordaron detener los tiroteos hacia Israel. Sin embargo, la realidad en el terreno contradice estas declaraciones, lo que aumenta las tensiones en la zona.
Desde el inicio del conflicto, que comenzó el 2 de marzo, la guerra ha estado intrínsecamente ligada a las tensiones en la región, que involucran a las potencias de Estados Unidos, Israel e Irán. Irán ha insistido que cualquier acuerdo duradero debe implicar el alto de las operaciones israelíes en Líbano, con funcionarios advirtiendo sobre la posibilidad de que se reanuden las hostilidades.
Además, la situación ha tenido repercusiones en los mercados energéticos, ya que la preocupación por una escalada del conflicto ha impulsado un incremento en los precios internacionales del petróleo.
La duda persiste sobre cómo evolucionará esta situación en medio de un clima de desconfianza. Las autoridades de ambos lados aseguran que se están tomando acciones para controlar la violencia, pero el continuo intercambio de ataques revela dificultades reales para alcanzar un entendimiento pacífico.
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