Las vacaciones, un período de descanso y recreación para muchos, se convierten en un desafío titánico para las emprendedoras. Esta situación es particularmente evidente en contextos donde la falta de alternativas para el cuidado infantil y una red de apoyo sólida se presentan como obstáculos insalvables. A menudo, estas mujeres se ven forzadas a dividir su tiempo entre la gestión de su negocio y el cuidado de sus hijos, lo que se intensifica especialmente en temporadas vacacionales.
Un dato alarmante revela que muchas emprendedoras se enfrentan a este reto sin recursos suficientes para costear alternativas como cursos de verano o asistencia profesional para el cuidado de los pequeños. Según Yunue Cárdenas, CEO de Menthalising, “las vacaciones retan a cualquier emprendedora en términos financieros, porque si paras, no hay ingreso”. Estas palabras reflejan una realidad cruda: la presión toca no solo el bolsillo, sino también el bienestar emocional.
El contexto estructural de estas dificultades es importante. En México, las mujeres dedican un 58% más de tiempo que los hombres al trabajo no remunerado, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Este dato subraya que la mayoría de las veces, ellas deben enfrentar la carga doble de gestionar un negocio y asumir las responsabilidades del hogar, sin diseños organizados ni políticas públicas que las respalden.
A menudo, las emprendedoras se ven atrapadas en un ciclo de culpa, donde tanto trabajar más para generar ingresos como dedicar tiempo a la familia les deja un sabor amargo. Esto se agrava por la falta de beneficios, como seguros de salud y guarderías, que suelen estar fuera del alcance de este segmento de la población económicamente activa. Fátima Masse, cofundadora de Noubi Advisors, señala que el acceso limitado a estas prestaciones crea una “posición de desventaja” que impide un desarrollo pleno.
Los datos muestran que las emprendedoras que trabajan más de 40 horas semanales también dedican alrededor de 8.3 horas semanales a tareas de cuidados no remunerados en el hogar, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Esto sugiere que su jornada laboral puede ir más allá del típico esquema de 8 horas, lo que complica aún más la gestión del tiempo personal y profesional.
Desde el inicio de las vacaciones de verano o invierno, la planificación se convierte en un arte restrictivo. Algunas emprendedoras optan por establecer acuerdos informales con conocidos para el cuidado de sus hijos, a menudo recurren a familiares o vecinos, personas que también suelen ser mujeres. Sin embargo, las expertas insisten en que es vital implementar políticas públicas que no solo aborden el cuidado infantil en períodos de alta demanda, sino que también permitan un equilibrio más sostenible entre el negocio, la familia y el autocuidado.
En voz de la especialista Fátima Masse, “si se quiere sacar algún tipo de acción pública, tendría que venir por parte de las autoridades, tal vez municipales”. Este llamado sugiere la necesidad de un enfoque más integral por parte de las instituciones gubernamentales para atender la problemática que enfrentan las emprendedoras.
Más allá de la época vacacional, el desarrollo empresarial de estas mujeres requiere un ecosistema de apoyo robusto, tanto familiares como institucionales. Es un llamado a la acción que, de no ser escuchado, podría dejar a muchas emprendedoras en constante lucha para equilibrar sus pasiones, responsabilidades y necesidades. En 2026, el desafío sigue siendo claro: consolidar un entorno que apoye a quienes arriesgan su tiempo y recursos para crear oportunidades, tanto para ellas como para su familia.
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