En lo alto de una majestuosa montaña en Chiapas, se erige la antigua ciudad maya de Toniná, un lugar que fusiona historia y naturaleza en un espectáculo impresionante. Desde sus 75 metros de altura, las siete plataformas que conforman este sitio arqueológico parecen tocar el cielo, y su reciente expansión de nueve hectáreas promete conservar aún más su legado.
El pasado 3 de marzo de 2026, se publicó un decreto expropiatorio que transfiere la propiedad de este terreno al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con el objetivo de fomentar la investigación y la preservación de este patrimonio cultural. Toniná, ubicada a más de 150 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado, destaca no solo por su belleza, sino también por su rica historia. Desde su apogeo en los siglos VII al IX d.C., este sitio alberga 97 edificios, dos áreas de juego de pelota y 38 tumbas que narran la grandeza de la civilización maya.
Uno de los gobernantes más reconocidos de esta ciudad, Tzots Choj, cuyo nombre se traduce como “murciélago-tigre,” tuvo destacadas contiendas con las ciudades vecinas de Palenque, a 140 kilómetros, y Copán, en Honduras, a más de 750 kilómetros. La secretaria de Cultura, Claudia Curiel, resaltó que Toniná es fundamental para comprender la historia viva de Chiapas y de México en su conjunto, afirmando que esta anexión “protege un bien de la nación” y es crucial para el acceso al conocimiento y la memoria histórica.
La ciudad, que incluye palacios y templos dedicados a diversas deidades mayas, presenta una organización arquitectónica fascinante. Ocho barreras delimitan los espacios administrativos de los religiosos, destacando la Casa de las Luciérnagas, con un sofisticado sistema de drenaje, y el Friso de las Cuatro Eras, que relata el mitos de la creación. Entre sus tesoros se encuentra también la emblemática acrópolis, reconocida como la más grande del México antiguo, todo enmarcado en el verde Valle de Ocosingo.
Las autoridades han anunciado un programa integral que permitirá la reactivación de Toniná, estableciendo una ruta que garantice la seguridad y la conservación del sitio. Este enfoque estructurado no solo facilitará la reapertura al público, sino que también apoyará la investigación y la difusión de su rica herencia cultural.
Toniná no es solo un lugar de historia; es un valioso recordatorio de las sofisticaciones culturales de los mayas y su influencia en la identidad de México. La reciente ampliación y la dedicación a su conservación auguran un futuro luminoso para este emblemático sitio arqueológico.
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