A las 5:04 horas del 28 de septiembre de 2025, las cámaras de seguridad del hotel Hyatt en San Luis Potosí grabaron la inquietante salida de Valeria, una joven brasileña de 28 años, de su habitación. Las imágenes capturan cómo, en un estado de sonambulismo, toca las puertas de varias habitaciones antes de ser abordada por un hombre de la habitación 616, Guillermo Baeza Prado, sobrino de uno de los hombres más ricos de México. Acto seguido, ella entra en la habitación y la puerta se cierra detrás de ella.
Dos horas más tarde, su novio, Pedro, preocupado porque Valeria no regresaba, comienza una búsqueda frenética en el hotel. Al recibir ayuda del personal del hotel y revisar las grabaciones, pronto descubre que su pareja había entrado en un cuarto ajeno. Valeria, al ser despertada, no puede recordar qué ocurrió. Se encuentra confundida, semidesnuda, con su ropa interior al revés y se siente atrapada en un horror desconocido.
Desde la infancia, Valeria ha sido diagnosticada con sonambulismo, un trastorno que la lleva, a veces, a realizar actividades sin estar consciente de sus actos. Este día, la condición se convierte en un punto central de un caso que desafía las nociones de consentimiento y agresión sexual. Valeria había llegado a San Luis Potosí para asistir a una boda con Pedro, y tras una velada de celebraciones, se encuentra en una situación que cambiaría su vida.
El diagnóstico médico posterior señala lesiones sexuales y estrés postraumático, evidencias que, según sus defensores, la capacitan para enfrentar a Baeza y a su poderosa familia. A medida que avanza la investigación, queda claro que Baeza, que trabaja en la empresa familiar Grupo Bafar, se beneficia de conexiones políticas precarizadas. Las autoridades, al principio, tratan de calmar la situación, pero el miedo y la presión se ciernen sobre Valeria y su novio.
Al ser interrogado por la policía, Baeza asegura que no ocurrió nada fuera de lo común y que todo lo sucedido fue consensuado. Sin embargo, la condición de Valeria —en un estado de sonambulismo— pone en entredicho sus afirmaciones. La ley mexicana indica que el consentimiento no puede ser otorgado en un estado en el que uno no tiene plena conciencia. En este caso, la defensa se enfrenta al reto de demostrar la falta de condiciones que conlleven a un consentimiento válido.
Los días que siguen son un cúmulo de desazón y frustración para Valeria. Después de que ella y Pedro denuncian lo sucedido, la familia Baeza ejerce presión desde sus posiciones de poder, lo que limita las acciones de la fiscalía. La ministra pública posteriormente calificará la detención de Baeza como “ilegal”, argumentando que hubo un uso excesivo de tiempo en su arresto, lo que reabrió viejas heridas sobre el manejo de los casos de agresión sexual en informacion.center.
El peritaje forense revela lesiones que indican una clara intervención. Sin embargo, la falta de pruebas concluyentes —como un líquido seminal— complica la perspectiva judicial. Tanto Valeria como Pedro se sienten expuestos, pues su información personal ha sido divulgada, lo que genera un temor palpable por su seguridad.
Valeria enfrenta una montaña de emociones: culpa, vergüenza y un profundo vacío que la lleva a lidiar con síntomas severos de ansiedad y depresión. A pesar de sus esfuerzos por buscar ayuda, el camino es largo y está plagado de revictimización y constantes recordatorios de lo ocurrido.
En este contexto, la lucha de Valeria no es solo una batalla personal, sino también un reflejo de los desafíos que enfrentan muchas mujeres en México ante el sistema judicial. Cada día, las familias de poder siguen influyendo en el curso de la justicia, mientras las víctimas lidian con las secuelas de sus experiencias.
A medida que este caso avanza hacia un desenlace incierto, surge una pregunta fundamental: ¿cómo puede una víctima encontrar justicia en un sistema que muchas veces está alineado con los poderosos? Esta inquietud persiste, recordándonos que los cuentos de supervivencia y vulnerabilidad deben ser escuchados, no silenciados. La lucha de Valeria es, en última instancia, un grito por reconocimiento, dignidad y, sobre todo, justicia.
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