A dos años de la desaparición del carismático Carlos Bremer, el Value Grupo Financiero se enfrenta a desafíos significativos al intentar estabilizar sus balances después de un periodo marcado por pérdidas intermitentes, controversias externas y conflictos de interés. Estos problemas han surgido a partir de los riesgos inherentes a las operaciones de su casa de bolsa, así como de su arrendadora y su operadora de fondos.
Los riesgos reputacionales, regulatorios y, fundamentalmente, el desempeño financiero han sembrado inquietud en el grupo con sede en San Pedro Garza García. La transición en la dirección ha recaído en manos de José Kaún Nader, quien se ha visto en la difícil tarea de preservar la “marca potente” de la institución y recuperar la confianza de aquellos clientes que tradicionalmente han apoyado a Bremer.
El impacto de la sucesión y la volatilidad de las acciones han acentuado la precariedad de la situación. Al cierre del primer cuatrimestre de 2026, la empresa anunció un retraso en la presentación de su Reporte Anual 2025, un requisito clave para los participantes del mercado de valores, que debía ser entregado a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Debido a la falta de presentación, la Bolsa de Valores decidió suspender la cotización de sus valores hasta que se revele la información que falta.
Este incumplimiento no fue menor, ya que incluyó otros tres entregables importantes: información financiera dictaminada del ejercicio 2025, estados financieros de una subsidiaria y la carta del auditor. KPMG, la firma responsable de la auditoría, se negó a certificar los estados financieros del grupo, citando preocupaciones sobrevaluaciones de activos.
La situación financiera se complica aún más al considerar un análisis de Dolomiti Capital. Esta firma reveló que parte del rendimiento extraordinario de VALUEF2 podría atribuirse a posiciones en bonos de baja liquidez y larga duración, entre los cuales se incluyen instrumentos subordinados relacionados con infraestructuras relevantes como el Periférico de Monterrey, la autopista Perote-Xalapa y la autopista Río Verde-Ciudad Valles. En total, se estima que estos bonos tienen una valoración de miles de millones de pesos, afectando directamente a entidades como la Ciudad de México, el Estado de México y Veracruz.
La turbulencia no se limita a Value. En los tribunales, una coalición de accionistas minoritarios ha interpuesto un litigio en contra de Tenedora CI, deteniendo los acuerdos adoptados en asambleas de una sociedad controladora que abarca CI Banco y CI Casa de Bolsa. Estas narrativas confluyen en el mismo contexto, con un denominador común: Alfonso Romo, exjefe de la Oficina de la Presidencia, quien ha transitado del sector privado al servicio público.
La situación actual es un claro contraste a la bonanza que ambos grupos, Vector y Value, disfrutaron hace un sexenio. Ahora, junto con otras instituciones como BanFeliz y Afirme, navegan por un mar de complicaciones y desafíos financieros.
Conforme se aproxima la resolución de estos problemas, el futuro de Value Grupo Financiero y su imagen en el mercado queda en el aire, dejando a clientes e inversionistas en un estado de espera y incertidumbre.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























