En marzo de 2023, un colectivo activista en Alemania llevó a cabo una provocadora intervención artística que invita a la reflexión sobre la desigualdad de género en el cuidado infantil y su impacto en la producción intelectual. Disfrazando estatuas de prominentes pensadores europeos como Aristóteles y Goethe con bebés de juguete, lograron plasmar una imagen potente: esos héroes de la historia se ven representados haciendo lo que nunca se les exigió en vida.
Esta acción se destaca en un contexto en el que la Nobel de Economía de 2023, Claudia Goldin, demostró cómo la igualdad laboral de género tiende a incrementarse drásticamente tras la llegada de un primer hijo. Sin embargo, es alarmante que este avance se deba en gran medida a la renuncia de muchas mujeres a sus carreras para dedicarse al cuidado del bebé, un rol que tradicionalmente recae sobre ellas. Las estatuas de hombres que no sintieron la misma presión aparecen como símbolo de un legado que ignora las contribuciones de las madres de esos hijos, muchas de las cuales simplemente no figuran en la historia.
La campaña ‘Caring Men’, inspirada en un movimiento similar que comenzó en Austria hace un año, señala que los hombres siguen dedicando menos tiempo al trabajo del cuidado, lucrándose involuntariamente de políticas laborales que penalizan a las mujeres. El sistema de pensiones y las licencias remuneradas son solo algunas de las áreas donde esta desigualdad permanece arraigada.
Quizás si estos hombres hubieran asumido una mayor parte del trabajo de cuidado, veríamos más publicaciones de mujeres filósofas e intelectuales en la historia. Y tal vez, si la sociedad valorara tanto el cuidado como la producción, serían más comunes las estatuas que retratan a líderes sosteniendo bebés, recordándonos que entender las lágrimas de un niño en la noche puede ser desafiador, y a menudo más valioso que escribir extensos tratados sobre modernidad.
A medida que avanzamos hacia una mayor equidad de género, es fundamental reconocer el trabajo de cuidado como un pilar esencial de nuestra sociedad. Así, el discurso sobre la igualdad no solo debe abarcar el ámbito laboral, sino también el doméstico, para que futuras generaciones puedan ver reflejadas en la historia no solo las contribuciones de los hombres, sino también las de las mujeres que han moldeado el mundo a su alrededor.
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