Dos de las milicias proiraníes más influyentes de Irak, las Brigadas Imam Ali y Asaib Ahl al-Haq, han anunciado su desvinculación de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) y el inicio de los trámites para entregar sus armas al Estado. Esta decisión, tomada el 2 de junio de 2026, representa un hito en el proceso de desmantelamiento del conglomerado paramilitar más grande del país. Ambas facciones son designadas como organizaciones terroristas por Washington, lo que añade una capa de complejidad a la situación.
El anuncio se produjo pocas horas después de que el Marco de Coordinación, la principal coalición chií del Parlamento iraquí, respaldara oficialmente el plan del primer ministro, Ali al Zaidi, para restablecer el monopolio estatal de las armas. En un comunicado, se declararon dispuestos a “romper los lazos con las Fuerzas de Movilización Popular e iniciar los trámites para poner el armamento bajo control estatal, de conformidad con la voluntad nacional”. Este proceso incluirá un inventario detallado de personal, armas, vehículos y suministros, con la transferencia a la cadena de mando del primer ministro, quien constitucionalmente actúa como el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Este cambio no es solo interno, sino que también responde a la intensa presión de Estados Unidos. A mediados de mayo, el general retirado David Petraeus, conocido por su papel en la estrategia de contrainsurgencia en Irak durante 2007 y 2008, se reunió en Bagdad con altos funcionarios iraquíes. Esta visita se entiende como parte de los esfuerzos de la administración estadounidense para exigir el desarme de las facciones armadas, dado que Washington se opone a que grupos designados como terroristas formen parte de la estructura gubernamental de Irak.
El contexto de este anuncio es significativo en un escenario donde el clérigo chií Muqtada al Sadr había instado recientemente a la integración de su milicia, Saraya al Salam, dentro de las estructuras del Estado, llamando a otras facciones a desvincularse de “órdenes partidistas y sectarias”. Además, el gran ayatolá Ali al Sistani, máxima autoridad religiosa chií de Irak, también ha apoyado el monopolio estatal de la fuerza armada.
Las FMP fueron creadas en junio de 2014 tras un llamado del ayatolá Sistani para que los iraquíes defendieran su país contra el avance del Estado Islámico, que llevó a la captura de Mosul. Este conglomerado ha reunido a unas cincuenta milicias y cerca de 180,000 efectivos, integrándose formalmente en las fuerzas de seguridad en 2018 tras la derrota del califato, aunque con la consolidación de una estructura paralela al ejército regular, influenciada en gran medida por Irán.
Sin embargo, no todas las milicias se muestran dispuestas a aceptar este proceso de desarme. Grupos como Kataib Hezbollah y Harakat al-Nujaba, que tienen vínculos más estrechos con Irán y han estado involucrados en ataques contra Israel, se resisten a su disolución. Analistas han advertido que los anuncios recientes podrían ser en parte simbólicos, un “marco teórico” que permitiría a estas facciones preservar su capacidad operativa mientras cumplen formalmente con las exigencias de Washington.
La cuestión central que queda por resolver es si el nuevo gobierno de Ali al Zaidi cuenta con la fortaleza necesaria para convertir estos comunicados en un desarme real y efectivo, en un contexto donde la soberanía y la estabilidad de Irak están en juego.
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