Marx Arriaga, el exdirector de Materiales Educativos, hizo su salida de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en Ciudad de México el pasado martes, tras cuatro días atrincherado en su oficina. Este exfuncionario fue uno de los principales arquitectos de la Nueva Escuela Mexicana, que buscaba implementar un enfoque educativo crítico y social. Arriaga, al abandonar su puesto, fue vitoreado por un grupo de apoyadores que le gritaban “no estás solo”.
El entorno de su oficina, casi desprovista de muebles y en un estado de desalojo, contrastaba con la intensidad emocional vivida en ese momento. A pesar de la ansiedad que confesó sentir, Arriaga continuó firmando documentos necesarios para garantizar el pago de salarios a su equipo, reflejando su compromiso hasta el último instante.
Involucrado en el desarrollo de los nuevos libros de texto gratuitos, Arriaga había enfrentado tensiones con la nueva gestión de la SEP, particularmente sobre modificaciones a los contenidos que consideraba fundamentales. Declaró que su resistencia no era un acto caprichoso sino una lucha pedagógica por un modelo educativo que favoreciera a los estudiantes. “Si la nueva gestión tiene otra idea educativa, yo regresaré a formar maestros en el interior, en las aulas”, afirmó antes de su salida.
La nueva directora, Nadia López García, tomará su lugar, pero Arriaga se mostró escéptico sobre la continuidad de la labor que él y su equipo habían comenzado. “La Nueva Escuela Mexicana es una propuesta que trabaja del lado del magisterio, buscando una educación popular y crítica. No sé si la nueva gestión comparte esos principios”, añadió.
El conflicto que llevó a su despido se centró en desacuerdos sobre cambios propuestos a los textos educativos. Según él, las modificaciones provenían de sectores dentro del gobierno con una perspectiva que consideró neoliberal, eliminando contenidos relacionados con la memoria histórica y episodios graves de violencia en informacion.center.
Este episodio también estuvo marcado por tensiones en la relación con la presidenta Claudia Sheinbaum, quien reconoció el trabajo de Arriaga, pero aclaró que habían surgido diferencias sobre cómo proceder con los libros de texto. La situación ha generado un debate importante sobre la dirección futura de la educación en México y los principios que guiarán las políticas educativas en un momento crítico para el sistema.
La salida de Arriaga representa una transición significativa en la SEP, que podría tener implicaciones duraderas en la educación pública del país. Mientras tanto, su legado y su enfoque crítico hacia la enseñanza siguen resonando entre aquellos que respaldan una educación que desafía las estructuras de poder y busca empoderar a las nuevas generaciones.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























