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Toneladas de mercancías procedentes de España, desde aceite de oliva a artículos de lujo, acabaron varadas en un puerto a las afueras de Mumbai, donde nunca deberían haber llegado. Su destino original era el golfo Pérsico, pero su buque zarpó del puerto de Barcelona el pasado 4 de marzo, cuatro días después de que EE UU e Israel bombardearan Irán y apenas dos después de que la Guardia Revolucionaria iraní amenazara con cerrar el paso marítimo hacia la región. Esta vez, la bravata se cumplió y así empezó la mayor crisis energética que ha vivido el mundo en medio siglo. Pero el bloqueo ha tenido también como efecto secundario la ruptura del comercio con el Golfo. Millones de euros en exportaciones a la región quedaron en tierra de nadie y, mientras el petróleo sigue en buena medida limitado por la capacidad de los oleoductos, las rutas marítimas de otros productos reaccionaron como suelen hacerlo ante las crisis o las tormentas y así cambiaron de rumbo.
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