La muerte de Nemesio Oseguera, conocido como “El Mencho”, ha desencadenado una ola de violencia en varias regiones de México, evidenciando la fortaleza del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Este evento marcó un hito en la lucha contra el narcotráfico, pero también planteó preocupaciones sobre las posibles repercusiones en el corto y mediano plazo.
El pasado domingo, Oseguera fue abatido por elementos militares en Tapalpa, en el oeste del país, tras un intento por escapar. Su fallecimiento, aunque considerado un triunfo inmediato para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha expuesto un desafío formidable: el vacío de poder que dejará el líder del CJNG. Expertos coinciden en que el cártel no tardará en entrar en una intensa disputa por el liderazgo interno.
La reacción del CJNG fue rápida y contundente, con enfrentamientos armados, bloqueos y la quema de vehículos y comercios en 20 de los 32 estados de México. Esta respuesta no solo parece ser una venganza por la muerte de su líder, sino también una clara demostración de fuerza destinada a las autoridades y a otros grupos criminales rivales.
La pregunta que persiste en el aire es: ¿cómo será esta lucha por el poder? Según Raúl Benítez Manáut, experto en seguridad nacional, se enfrenta a un dilema: una transición pacífica entre las jerarquías del cartel o el estallido de una guerra interna violenta. En cualquier caso, el gobierno deberá actuar con rapidez antes del Mundial 2026, que se llevará a cabo en diversas ciudades mexicanas, incluida Guadalajara, la capital del estado de Jalisco.
Con una estructura organizativa altamente centralizada y capacidades para sembrar el terror mediante diversas tácticas, el CJNG representa un desafío estratégico significativo para las autoridades. Si esta organización criminal logra operar de manera sincronizada, como lo demostró recientemente, podría poner en serios aprietos a las fuerzas de seguridad mexicanas.
En cuanto al futuro liderazgo del CJNG, las especulaciones giran en torno a Julio Alberto Castillo Rodríguez, yerno de Oseguera, quien ha sido mencionado como un posible sucesor. Castillo se ha destacado en facilitar el ingreso de precursores químicos mediante el puerto de Manzanillo, vital para la producción de fentanilo. Otros nombres también surgen, pero el machismo arraigado en estas organizaciones dificulta el ascenso de figuras femeninas al liderazgo.
La violenta reacción del CJNG, lejos de mostrar debilidad tras la muerte de “El Mencho”, envía un mensaje claro: el cártel sigue siendo poderoso y no permitirá que sus territorios sean invadidos. Como respuesta, el gobierno ha tomado medidas preventivas, desplegando miles de militares en Jalisco y otras regiones. Sin embargo, la incertidumbre persiste. Manáut advierte que si las fuerzas armadas no logran controlar las operaciones criminales, los efectos de la caída de Oseguera podrían volverse en su contra.
Con un panorama tan delicado, el juego por el liderazgo del CJNG no solo es una cuestión interna del cártel, sino que tiene repercusiones directas para la estabilidad y la seguridad de México en los años venideros. Este es un capítulo que apenas comienza a desarrollarse y que requerirá constante atención por parte de las autoridades y la sociedad.
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