En el panorama cinematográfico actual, la proyección de filmes en formato IMAX 70mm está experimentando un resurgimiento notable. Este fenómeno puede atribuirse a obras recientes como Oppenheimer y The Odyssey, que han atraído audiencias a IMAX Melbourne, donde las funciones están completamente vendidas hasta el 6 de septiembre. Además, una serie de lanzamientos recientes en 70mm ha captado el interés del público, posicionando títulos como Dune Part Two, Sinners, One Battle After Another, y Project Hail Mary como imanes de espectadores ansiosos, incluso cuando la filmación original se realizó de manera digital. Por su parte, Dune Part Three, que incluirá metraje grabado con cámaras de película IMAX, está destinado a mantener este impulso a finales de año.
Lo fascinante de este renacimiento no se limita solo a los nostálgicos de generaciones pasadas; también invita a los jóvenes cinéfilos, quienes han crecido en un entorno donde la proyección de filme se ha vuelto escasa desde inicios de la década de 2010. Unos de esos jóvenes, Ford, observa que este interés está impulsado por la curiosidad: “Algunos nunca han visto una proyección en película”.
Desde el otro lado de la sala, Dobrik resalta la magia inherente a las imperfecciones del filme. “No es perfecto, no es impecable”, menciona, sugiriendo que en esta era de tecnología pulida y definiciones nítidas, las sutiles imperfecciones de la proyección en filme ofrecen una conexión más tangible con el arte. Este aspecto se ejemplifica al notar marcas, como una línea negra en The Odyssey, señal que probablemente proviene de un rasguño en el negativo, una “cicatriz” de la producción que se hace evidente en la pantalla gigante.
El acto de compartir la experiencia cinematográfica en una sala con cientos de personas, lejos de las distracciones de los teléfonos, añade un nivel de conexión humana que es difícil de replicar. Dobrik enfatiza que estas proyecciones crean momentos únicos, donde el espectador puede apreciar la luminosidad del celuloide mientras vuela por la pantalla, describiéndolo como algo “real y crudo”.
Los comentarios de Ford refuerzan esta idea, destacando un aumento en el interés por el formato de filme. Sostiene que tal vez la gente no comprendía verdaderamente lo que tenían hasta que comenzaron a verlo en acción, comparándolo con el atractivo de una locomotora de vapor: “No son prácticas, pero a todos les gusta verlas funcionar”.
Los datos y tendencias señalados, aunque reflejan un momento específico de la industria, vislumbran un camino hacia el enriquecimiento de la experiencia cinematográfica, así como la vuelta a las raíces en un mundo cada vez más digitalizado. Esta creciente apreciación por la proyección en película podría consolidar su relevancia en el futuro cercano, invitando a seguir explorando lo que la magia del cine puede ofrecer, incluso en un entorno tecnológico en constante evolución.
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