Gabriela Warkentin entabla una conversación con el académico Sergio Aguayo, que gira en torno a la reciente caída de Nemesio Rubén Oseguera, conocido como El Mencho, líder del poderoso Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Este evento, que tuvo lugar el 3 de marzo de 2026, ha puesto a Jalisco nuevamente en el centro del análisis sobre la criminalidad en México. Aguayo sostiene que la historia del Estado guarda las claves para entender el actual entorno de violencia y el surgimiento de diversas estructuras criminales en la región.
La caída de Oseguera no solo resuena en el ámbito de la seguridad, sino que también tiene profundos impactos geopolíticos y económicos. El CJNG, cuyo dominio se ha expandido más allá de Jalisco, refleja una red criminal que ha evolucionado desde el centro del país, diversificándose y mostrando capacidad de adaptación en el contexto de la lucha contra el narcotráfico.
El análisis de Aguayo revela una clave fundamental: la geopolítica de Jalisco lo convierte en un bastión crucial para las organizaciones criminales, lo que pone en evidencia la complejidad de la situación para los habitantes locales, que enfrentan las consecuencias de una violencia desbordante. En este sentido, la conversación se torna vital para comprender no solo la raíz de los problemas, sino también los efectos que este contexto tiene en la sociedad tapatía, cada vez más marcada por el impacto del crimen organizado.
Los hechos de violencia que han seguido a la muerte de Oseguera subrayan una realidad inquietante: las luchas internas dentro del CJNG y con otras facciones criminales pueden llevar a un recrudecimiento de la violencia en Jalisco y sus alrededores. Este panorama es alertante no solo para las autoridades, sino también para la población civil que se encuentra atrapada entre estas dinámicas de poder.
Así, este análisis se presenta como un recordatorio de la necesidad de una reflexión profunda sobre la violencia estructural en México. El caso de Jalisco y del CJNG es una muestra de un problema que trasciende a un solo Estado, reflejando la complejidad de una lucha contra el narcotráfico que requiere respuestas coordinadas y efectivas. Mientras tanto, el futuro de la seguridad en la región se mantiene incierto, dejando a la sociedad ante la imperiosa necesidad de respuestas más contundentes.
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