El pasado 20 de abril de 2026, el escritor mexicano Gonzalo Celorio recibió el prestigioso Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes” en una emotiva ceremonia celebrada en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá. Este galardón, dotado con 125,000 euros, no solo es un reconocimiento a su trayectoria literaria, sino también un homenaje a la vital conexión cultural entre México y España.
Con un nudo en la garganta, Celorio recordó el último aliento de su padre y una profecía que este le hizo: “Tú llegarás, hijo. Si no puedes, yo te empujo”. La culminación de este viaje de 64 años encontró su eco en un auditorio reverente, donde la literatura se erigió como un puente entre generaciones y culturas. “Hoy llegué, papá, justamente hoy”, fueron sus palabras finales, marcando un momento significativo para el autor y su familia.
El evento fue presidido por el Rey Felipe VI, quien destacó la importancia de la lengua española como un nexo indisoluble entre dos naciones que son “más que hermanos”. Junto a ellos, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y diversas figuras del ámbito político y literario también estuvieron presentes. Celorio se convirtió así en el octavo mexicano en recibir este galardón, siguiendo los pasos de lumbreras como Octavio Paz y Carlos Fuentes.
Urtasun, en su discurso, describió la obra de Celorio como un “ensayo literario sobre la vida”, subrayando cómo ha logrado disolver las barreras entre la ficción y la realidad. Destacó el papel de la literatura en la memoria colectiva, haciendo especial hincapié en el legado del exilio español republicano. Este homenaje a la historia fue recibido con emoción, añadiendo una capa profunda a la celebración de la lengua y la cultura compartida.
María José Gálvez, directora general del Libro y miembro del jurado, resaltó el consenso unánime que llevó a la selección de Celorio, subrayando su “excepcional obra literaria y labor intelectual”. Su voz es considerada de “notable elegancia y hondura reflexiva”, explorando temas de identidad y la “educación sentimental” a través de su narrativa.
Durante su intervención, Celorio ofreció una reflexión sobre la nacionalidad mexicana, proponiendo que esta está intrínsecamente conectada con la historia y la cultura españolas. Defendió la “impureza radical” de la novela, destacando su capacidad para contar verdades a través de ficciones que resuenan en la experiencia humana. Esta perspectiva se vio enriquecida por anécdotas personales, como el sacrificio de su madre por el amor a la lectura.
Cerrando su discurso, Celorio se describió a sí mismo como un apasionado de la “Palabra”, la esencia de su vida y su obra. Cuando se le preguntó por su término favorito en español, con una sencillez inolvidable, respondió que la palabra que más ama es, precisamente, “Palabra”.
Este reconocimiento no solo marca un hito en la vida de Gonzalo Celorio, sino que también celebra la riqueza de la lengua española, un legado que continúa viva a través de las generaciones y de las historias que nos conectan.
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