Los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han alzado la voz enérgicamente, denunciando que el régimen de Irán ha perpetrado “crímenes de guerra”. Esta acusación surge tras una serie de ataques dirigidos contra infraestructuras civiles en Bahréin, Kuwait y Jordania, con la comunidad internacional demandando que Teherán rinda cuentas.
La tensión en Medio Oriente ha crecido considerablemente a raíz de una nueva ola de bombardeos y enfrentamientos armados, en un contexto marcado por el aumento de hostilidades entre Estados Unidos e Irán. Los gobiernos del Golfo consideran estos ataques como violaciones graves del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.
Jasem Mohamed Albudaiwi, secretario general del CCG, señaló que las acciones iraníes representan “una escalada sumamente peligrosa”. Además, enfatizó la necesidad de que haya una “rendición de cuentas y enjuiciamiento internacional”, dado que los atentados apuntaron deliberadamente a instalaciones civiles y esenciales.
Kuwait, en particular, ha denunciado agresiones que impactaron en una planta de energía y agua, además de una instalación petrolera. Estos ataques generaron incendios, heridos y significativas “pérdidas materiales”, según el Ministerio de Relaciones Exteriores kuwaití. Las autoridades locales han calificado estos hechos como “brutales y repetidos”, poniendo en riesgo la infraestructura vital para la población.
La situación se agrava con la suspensión temporal del tráfico aéreo en el Aeropuerto Internacional de Kuwait, lo que ha causado preocupación entre los ciudadanos. La demanda por productos básicos, como agua y alimentos enlatados, ha aumentado considerablemente en medio de temores por posibles interrupciones en el suministro.
En Bahréin, el ejército local ha afirmado haber repelido ataques aéreos atribuidos a Irán, activándose las alarmas antiaéreas en varias ocasiones y instando a la población a buscar refugio. Las autoridades de Jordania también han reportado la interceptación de misiles y drones iraníes en días recientes.
Por su parte, Estados Unidos ha intensificado su respuesta al conflicto, llevando a cabo bombardeos durante siete noches consecutivas contra posiciones iraníes en la región, centrando sus operaciones en instalaciones militares y logísticas.
Este intercambio de ataques ha exacerbado la controversia en torno al estratégico Estrecho de Ormuz, un pasaje clave para el comercio mundial de energía. Ante esta situación, el Comando Central (CENTCOM) ha desmentido afirmaciones de la Guardia Revolucionaria iraní sobre supuestas explosiones en petroleros, tachando estas versiones de infundadas.
La escalada de violencia ha suscitado inquietudes sobre la estabilidad regional y la seguridad de infraestructuras críticas en los países del Golfo, generando un clima de incertidumbre que podría tener repercusiones a gran escala en la zona y más allá.
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