En un momento decisivo para la política energética en México, Claudia Sheinbaum, en su primer acto de campaña presidencial ante un Zócalo repleto, prometió 100 compromisos esenciales. Era marzo de 2024, y la candidata de Morena, quien había recibido el “bastón de mando” del movimiento izquierdista de Andrés Manuel López Obrador, se comprometió a mantener el legado de su predecesor. Entre sus promesas, destacó que “no se va a permitir la explotación de hidrocarburos a partir del fracking”, una posición que resonaba profundamente con los principios de Morena.
Sin embargo, en un giro inesperado, Sheinbaum ha confirmado recientemente su eventual exploración de la fractura hidráulica para extraer gas del subsuelo. Este movimiento busca reducir la dependencia mexicana de las importaciones estadounidenses, las cuales constituyen entre el 70% y el 80% del consumo interno. Acompañada de varios expertos, la presidenta ahora indica que se están considerando medidas que apliquen el fracking de manera que minimicen el daño ambiental, prometiendo la reutilización del agua, aunque sus palabras contrastan con su discurso anterior.
En diciembre de 2023, durante su campaña interna, Sheinbaum expresó su oposición al fracking, subrayando que el proceso requiere grandes cantidades de agua, un recurso escaso en la zona centro-norte del país. Este cambio de postura ha despertado alarmas entre grupos ambientalistas, incluyendo la Alianza Mexicana Contra el Fracking, que la acusan de “traicionar el voto popular”. Este cambio es significativo, dado que Morena había construido parte de su identidad política en oposición a la técnica del fracking, que Sheinbaum había defendido durante su campaña.
El ex presidente López Obrador había planteado prohibir esta técnica a nivel constitucional, pero su iniciativa no avanzó debido a la falta de apoyo legislativo. Sin embargo, después de las elecciones del 2 de junio, donde Morena obtuvo una mayoría, varias reformas fueron aprobadas, mientras que la propuesta de fracking quedó relegada. Legisladores de Morena confirmaron que esta decisión fue deliberada, abriendo el camino para la estrategia actual de Sheinbaum.
El Plan Estratégico de Pemex 2025-2035 señala la reactivación de la evaluación de yacimientos de gas, sugerida indirectamente como una oportunidad para inversiones privadas. Dada la complejidad y el costo de la extracción de gas mediante fracking, la administración de Sheinbaum busca involucrar al sector privado, eludiendo así el término “fracking” y hablando de exploraciones en ubicaciones en Coahuila, Tamaulipas y Veracruz.
Esto ha suscitado debates sobre la paradoja de que México, albergando reservas propias, rechace su aprovechamiento mientras consume gas proveniente de Estados Unidos, donde se utiliza el fracking. Críticos argumentan que cualquier camino seguido solo afianzaría la dependencia de México a los combustibles fósiles. Para Sheinbaum, el reto de lograr la soberanía energética es crucial, a pesar del riesgo político que conlleva ir en contra de los movimientos progresistas internacionales y sus propias promesas.
Con este reciente desarrollo, México se encuentra en la encrucijada de redefinir su política energética, poniendo a prueba no solo su estrategia de autoabastecimiento, sino también la relación de confianza con su electorado y su compromiso con la protección del medio ambiente. La frontera entre la necesidad energética y la sostenibilidad se vuelve cada vez más difusa.
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