En el corazón de Cartagena, en la intersección de Carrera 4 y Calle 39, se erige el Claustro de la Merced, un emblemático edificio del siglo XVII que ha sido testigo de la historia. Este lugar cobija desde hace diez años las cenizas del célebre Premio Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez, depositadas el 22 de mayo de 2016. Era aproximadamente las cinco de la tarde cuando se cumplió el deseo póstumo de García Márquez: descansar para siempre en la ciudad que tanto amó y que se convirtió en el alma de su universo literario.
Con la participación de su viuda, Mercedes Barcha, la Universidad de Cartagena y la Fundación Gabo, se llevó a cabo este acto lleno de reverencia y emociones. En apego a la Ley de Honores de Colombia, promulgada en 2014, se materializó el anhelo popular de tener a “Gabriel, Gabo, Gabito, acá con nosotros”, según las palabras del gobernador del Departamento de Bolívar, Dumek Turbay Paz.
La ceremonia fue un regalo a la memoria del ícono literario, con el Claustro de Nuestra Señora de las Mercedes impregnado de mariposas amarillas, símbolo del autor, que danzaban sobre el busto de bronce que sella la cripta donde reposan sus cenizas. La emotiva ceremonia incluyó la participación de familiares y amigos, quienes, alrededor de un pozo centenario, colocaron la urna con sus restos dentro de una columna de acero y cristal, cubierta por una efigie metálica diseñada por la artista británica Katie Murray. “No hemos venido a despedirlo ni a darle el último adiós, sino a darle la bienvenida”, destacó el escritor Juan Gossaín Abdala.
Durante el evento, Mateo García, hijo del autor, evocó su amor por Cartagena al leer fragmentos de “Vivir para contarla”. Aunque García Márquez nació en Aracataca y pasó gran parte de su vida en México, Cartagena siempre ocupó un lugar especial en su corazón. Aquí, se matriculó en 1949 para estudiar Derecho, aunque abandonó esa carrera para dedicarse al periodismo y a la literatura. En esta ciudad publicó su primer trabajo periodístico y estableció su Fundación, que se dedica a la formación de periodistas en Iberoamérica.
Desde el Claustro, se pueden observar lugares significativos para el autor, como su casa familiar y la antigua redacción de El Universal, donde publicó sus primeras notas. El legado de García Márquez trasciende su obra; se siente en cada rincón de Cartagena, una ciudad que eligió como escenario de muchas de sus novelas y donde ha dejado grabado un legado cultural invaluable.
El ambiente de la ceremonia se llenó de vida, con música vallenata y la melodía “Pequeña Serenata Nocturna” de Mozart, que acompañaron a las figuras fantásticas de su creación, como José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, quienes parecían haber llegado desde Macondo para rendir homenaje a su creador. La velada también celebró la alegría de García Márquez, culminando con una fiesta donde resonaron acordes de vallenato y mariachi, en un festejo que buscaba reflejar el espíritu festivo del autor.
A medida que la noche avanzaba, el Claustro de la Merced se transformaba en un altar sagrado, mientras el mausoleo que resguarda sus cenizas brillaba bajo la luz de las farolas. Así, Gabriel García Márquez, un hombre caribeño universal, se une eternamente a la cultura que tanto representó, dejando en Cartagena un legado viviente que continúa inspirando generaciones.
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