Los delincuentes han encontrado un terreno fértil en el mundo de las criptomonedas, utilizando vacíos regulatorios para mover miles de millones de dólares en ganancias ilícitas. Esta advertencia proviene del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), que ha publicado una revisión detallada sobre el papel de los activos virtuales en las finanzas ilegales.
El GAFI, un organismo intergubernamental con sede en París, es conocido por establecer estándares globales en la lucha contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. En su informe reciente, se indicó que las actividades delictivas facilitadas por criptomonedas se han vuelto más complejas e interconectadas, presentando un desafío significativo para reguladores, instituciones financieras y empresas del sector cripto.
A pesar de un notable aumento en el número de países que están alineándose con las recomendaciones del GAFI, el reto persiste. Hasta abril de 2026, 51 de las 149 jurisdicciones evaluadas cumplían “en gran medida” con los estándares establecidos para las criptomonedas, lo que representa un incremento del 34% en comparación con el 29% del año anterior. Este avance refleja un esfuerzo constante; en 2025 apenas 40 de las 138 jurisdicciones lograron un cumplimiento amplio con los estándares internacionales, mostrando así un leve pero alentador progreso en la percepción y regulación de los activos virtuales.
Sin embargo, el informe también subraya que continúan existiendo “brechas significativas” en la implementación de medidas concretas que reduzcan el delito relacionado con los criptoactivos. Muchos países enfrentan dificultades para identificar la verdadera identidad detrás de las transacciones con estos activos, lo que complica aún más los esfuerzos en este ámbito.
Para ilustrar la magnitud del problema, la firma de análisis blockchain Chainalysis estimó que hasta 51,000 millones de dólares en criptomonedas fueron enviados a direcciones de billeteras ligadas a actividades ilícitas durante 2024. Este dato es alarmante y pone de manifiesto la urgencia de mejorar las regulaciones en el sector.
El informe también resalta un creciente uso de monedas estables (stablecoins) por parte de actores ilegales, quienes incluso han desarrollado sus propias versiones de estas monedas diseñadas para evadir el control y la intervención de las autoridades. Esta tendencia es motivo de preocupación, ya que el uso de monedas estables puede ofrecer una capa adicional de anonimato y resistencia frente a acciones legales.
En resumen, la intersección entre criptomonedas y actividades criminosas presenta desafíos complejos y en evolución. A medida que las tecnologías avanzan y los delincuentes se adaptan, es imperativo que tanto reguladores como instituciones financieras intensifiquen sus esfuerzos para contrarrestar estos flujos ilícitos. El camino hacia una regulación efectiva es aún largo, pero el aumento del cumplimiento por parte de las jurisdicciones es un primer paso en la dirección correcta.
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