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He estado embarazada cuatro veces pero solo he gestado un concebido no nacido. Mi primer embarazo se interrumpió con un aborto espontáneo y, según la ley de Ayuso, nunca llegó a ser un concebido no nacido, así que nunca hubiera generado derechos extraordinarios para mi familia. Después tuve dos embarazos a término, que tampoco hubieran gozado del nuevo pedigrí de embriones del PP. Mis hijas tuvieron además la mala suerte de nacer en el Madrid del PP, donde no hay escuelas infantiles públicas para todos y las privadas cuestan unos 600 euros al mes. Finalmente, tres embarazos y dos hijas después, engendré a mi primer embrión con derechos añadidos, lo que hoy sería un concebido no nacido. Este embarazo decidí interrumpirlo. Y como vivo en Madrid, donde la sanidad pública ha sido desmantelada por el Gobierno de Ayuso, tuve que pagar de mi bolsillo la intervención, a pesar de ser un derecho que todas las mujeres deberíamos poder ejercer libre y gratuitamente en las primeras 14 semanas de gestación.
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