En la última exhibición de moda, Massimo Giorgetti ha transformado la Fondazione ICA en un innovador espacio donde el arte se encuentra con la moda, creando un entorno lúdico y cautivador. La ambientación fue obra de la artista brasileña Marina Rheingantz, cuyas pinturas abstractas evocan una profunda carga emocional, similar a una versión más íntima de las obras de Jackson Pollock, capturando la atención de Giorgetti y su equipo.
La conexión de Giorgetti con el mundo del arte es duradera y se evidencia en su trabajo. Su habilidad para entrelazar referencias artísticas en sus diseños se manifiesta sin caer en la didáctica o en la imitación, mostrando una clara apreciación del arte. Este diálogo creativo se intensificó durante un fin de semana en Venecia, donde una exposición dedicada a Leonor Fini en la Galería Tommaso Calabro brilló por su enfoque en los gatos, un tema que Giorgetti abrazó con entusiasmo.
Así comenzó la era felina de MSGM: un abrigo maxi de eco-piel adornado con un tigre de Bengala, y una camisa de satén duchesse que presentaba un inquietante gato en blanco y negro. Aunque los felinos se han convertido en los símbolos no oficiales de la etiqueta, compartiendo la atención de Giorgetti con sus adorables terrier, Pane y Coda.
La colección se desarrolló como un juego de memoria, aunque Giorgetti prefiere no etiquetarlo como un archivo revisitado. Sus términos “nuevos recuerdos” y “recuerdos revisitados” aportan frescura a la presentación, evitando asociaciones con la obsolescencia. A través de la colección, se exploró la tensión entre códigos masculinos y femeninos, un juego habitual en MSGM. La banda sonora de este desfile reafirmó esta filosofía con una grabación de una entrevista a Fini, en la que abogaba por una cierta androginidad y destacaba que el verdadero estilo se encuentra en la intersección de géneros.
En la pasarela, esta noción se tradujo en contrastes rítmicos. Un look elegante de cóctel desfiló y fue seguido de inmediato por un desenfadado combo de denim. Un práctico abrigo XXL de eco-piel suavizaba el ambiente cuando aparecía tras un delicado tank-top decorado con una diminuta rosa y una falda de satén duchesse con volumen. Estas no fueron tanto confrontaciones, sino giros sorpresivos en la narrativa. Giorgetti prefiere observar cómo coexisten estas dualidades en vez de intentar resolverlas.
Además, el diseñador se sumergió en la paleta cromática de MSGM, rescatando algunos de los colores más emblemáticos de la marca —verde lima, naranja vibrante y fucsia intenso— y equilibrándolos con grises, negros y neutrales sobrios. Este acto de equilibrio resultó ser hábil: suficientemente expresivo para ser considerado artístico, sin llegar a percibirse como forzado.
La musa de MSGM es la arquetípica asistente del mundo del arte, fácilmente reconocible en ferias como Frieze Art Fair o Art Basel, una mujer que se viste sin miedo, quizás con un ojo cerrado. “Le gusta mezclar colores,” señaló Giorgetti. “Puede que cometa algunos errores de estilo, con accesorios disparatados, pero entra a la habitación irradiando una mezcla rara de independencia y agudeza.” En un mundo donde la perfección puede ser opacada, son los errores memorables lo que realmente distingue.
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