El debate sobre los cuidados en México ha tomado un nuevo rumbo en años recientes. Históricamente, esta temática ha sido tratada como una labor doméstica, invisibilizada y sin compensación, que se asigna predominantemente a las mujeres. Sin embargo, una reciente iniciativa busca resaltar la importancia de distintas voces y perspectivas sobre el cuidado, ampliando así el centro de la discusión.
El Recetario de saberes para los cuidados y el buen vivir, desarrollado por el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB), se está erigiendo como un espacio crucial en esta conversación. Esta obra colectiva compila prácticas curativas, reflexiones y vivencias de mujeres jóvenes indígenas y afromexicanas que consideran el cuidado como una práctica integral, que abarca lo comunitario, lo político y lo espiritual, todo ello conectado con el territorio y centrado en proteger la vida.
Silvia Soler, directora interina del ILSB, ha subrayado que el proyecto nació de la necesidad de incluir voces que han estado ausentes en el discurso predominante. Tal como ella menciona, “faltaban voces” y es fundamental repensar cómo vivimos en un “planeta con recursos finitos”. Esta obra no solo colecta saberes de generaciones pasadas, sino que también invita a reflexionar sobre la forma en que concebimos nuestras vidas.
Las autoras del recetario han destacado cuatro dimensiones del buen vivir: espiritual, relacional, política y territorial. Estas dimensiones no solo abarcan el bienestar individual, sino que también enfatizan la conexión con la tierra, los alimentos y la comunidad. Según la activista Elba Rosario Martínez Romero, el cuidado debe verse como algo más profundo que una mera tarea o servicio; es un acto de memoria y resiliencia.
Un aspecto significativo de este recetario es el esfuerzo por preservar el conocimiento intergeneracional, culturalmente rico y en riesgo de desaparecer. Belén del Carmen Ramírez, una joven afromexicana, ha compartido que la redacción de este recetario le exigió recordar las lecciones heredadas de sus antepasadas, visibilizando así la fragilidad de estos saberes.
El recetario no se limita solo a ofrecer recetas para la salud física, sino que también presenta prácticas que buscan sanar el alma. En diversas localidades, como en el Estado de México, se utilizan métodos tradicionales, como el bordado, que permite restaurar la identidad y procesar el sufrimiento. Joss Batista, desde Veracruz, propone una limpieza energética que busca liberar las tensiones acumuladas, mientras que desde Jalisco, Aiwima Juana González resalta la importancia de regresar a los lugares sagrados para recuperar el equilibrio vital.
Además, prácticas como Po’uu’nk, promovida en Oaxaca, invitan a las mujeres a reconstruir sus historias familiares, recuperando relatos sobre el nacimiento y la menstruación en una época caracterizada por ritmos acelerados que amenazan con la pérdida de estas tradiciones.
En conjunto, esta obra busca redefinir el cuidado no solo como una responsabilidad privada, sino como un valor comunitario que integra las diversas facetas de la vida, resaltando la necesidad de un cambio en la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con el entorno. Las voces y saberes de las mujeres indígenas y afromexicanas están encontrando un lugar en la mesa del diálogo, ofreciendo perspectivas enriquecedoras que merecen ser escuchadas.
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