El pasado miércoles, un evento significativo marcó la celebración de los 25 años de existencia de COMEXI, el Consejo Mexicano de Relaciones Internacionales. En esta reunión, se reunieron figuras destacadas de la diplomacia mexicana, como Bernardo Sepúlveda, José Ángel Gurría, Jorge Castañeda, Claudia Ruiz Massieu y Patricia Espinosa, quien participó de manera virtual. Moderado por Héctor Cárdenas, el encuentro se centró en la reflexión sobre la labor de los excancilleres y la importancia de la representación internacional en un contexto global complejo.
La labor de un canciller siempre ha sido fundamental, pues se trata de construir y mantener puentes de amistad y colaboración. Cada uno de los participantes tiene una trayectoria impresionante y ha contribuido significativamente al fortalecimiento de las relaciones exteriores de México. Sin embargo, el legado de Bernardo Sepúlveda destaca de manera particular entre ellos. Su paso por la Secretaría de Relaciones Exteriores dejó una huella imborrable en la política exterior mexicana.
Bernardo Sepúlveda comenzó su carrera como embajador en Estados Unidos y se convirtió en canciller durante el sexenio de Miguel de la Madrid. Su participación en el Grupo Contadora fue esencial; esta iniciativa buscó una resolución pacífica a los conflictos armados en Centroamérica. Junto a Venezuela, Panamá y Colombia, México fue un actor central en esta estrategia, logrando, en 1986, la Declaración de Esquipulas, que sirvió de base para el Acuerdo de Esquipulas II en 1987.
Este acuerdo, firmado el 7 de agosto de 1987 en Guatemala, es considerado un hito en la diplomacia de la región, estableciendo un marco para la paz. Sepúlveda, un abogado con un notable perfil diplomático, propuso en Esquipulas II innovadoras medidas para la democratización de los países implicados, promoviendo la libertad de prensa y estableciendo amnistías para facilitar la reconciliación entre las partes en conflicto.
Además de su trabajo en la cancillería, Sepúlveda llegó a convertirse en Vicepresidente de la Corte Internacional de Justicia, un papel que refleja su dedicación a la diplomacia como herramienta de conciliación. Su visión actualizada sobre el uso de la diplomacia para resolver conflictos se torna aún más relevante en un siglo XXI marcado por desafíos al derecho internacional, con ciertos líderes globales llevando a cabo acciones que amenazan los cimientos mismos del sistema internacional.
Revisitar la trayectoria de Bernardo Sepúlveda, como se hizo durante el evento, invita a recordar la importancia de la diplomacia en los tiempos actuales. Es esencial que se reconozca su capacidad para actuar como un puente entre naciones y partes en conflicto, convirtiéndose en una de las últimas esperanzas para resolver disputas bélicas. Escuchar sus reflexiones y recordar las lecciones aprendidas durante el sexenio de Miguel de la Madrid proporciona una perspectiva renovada sobre el papel que México puede seguir desempeñando en el escenario internacional.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación



























