La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, delineó un nuevo rumbo para la política energética del país el pasado 4 de febrero, enfatizando la soberanía energética como un objetivo central de su gobierno. Este enfoque, que posiciona a Petróleos Mexicanos (Pemex) como el principal símbolo de independencia nacional, revela un movimiento estratégico hacia una mayor autarquía en la producción de energía.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, se suspendió la apertura de la industria petrolera, y ahora, bajo el liderazgo de Sheinbaum, se está consolidando una integración vertical de Pemex y su paulatino desendeudamiento, apoyado por significativas inyecciones de capital gubernamental. Este cambio de enfoque marca un hito en las políticas energéticas del país, con especial atención hacia el gas natural.
México enfrenta una alarmante dependencia del gas importado, específicamente de Estados Unidos, que satisface el 75% de su consumo. Se estima que se importan alrededor de 7 mil millones de pies cúbicos diarios, lo que prácticamente cubre todas las necesidades energéticas nacionales. En este contexto, Sheinbaum ha destacado la urgencia de avanzar hacia la producción interna de gas, buscando disminuir esta dependencia y garantizar que se consuma lo que se produce dentro del país.
Un punto notable es el posible regreso al fracking, que fue rechazado anteriormente por López Obrador. Aunque Sheinbaum no mencionó esta técnica en su discurso, se ha insinuado que su administración podría considerar proyectos estratégicos de Pemex que incluyan la exploración de yacimientos de geología compleja. El Plan de Rescate y Fortalecimiento de Pemex establece metas ambiciosas, buscando alcanzar una producción de gas natural de aproximadamente 4 mil 500 millones de pies cúbicos diarios a corto plazo.
En cuanto al apoyo económico estatal a Pemex, la mandataria comunicó que la petrolera dejará de recibir asistencia gubernamental en 2027. A pesar de ello, se ha registrado un progreso notable en la independencia financiera de la empresa, aunque el gobierno federal no asume directamente su deuda. La Secretaría de Hacienda ha facilitado la renegociación de los vencimientos financieros de Pemex, lo cual ha sido bien recibido por los mercados.
El Plan de Fortalecimiento de Pemex, que abarca hasta 2035, ha reportado resultados significativos, incluyendo una reducción del 20% de su deuda, la estabilización de la producción y mejoras en la refinación. Las agencias calificadoras como Moody’s y Fitch ya han elevado la calificación crediticia de la empresa, lo que sugiere una evaluación positiva de la reestructura implementada.
En el ámbito internacional, México ha firmado un acuerdo con Estados Unidos en materia de minerales críticos, incluyendo tierras raras, en un esfuerzo por fortalecer la cooperación y posiblemente mejorar la relación bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
A medida que avanza esta nueva estrategia, se observa un giro hacia un enfoque más pragmático en la política energética mexicana, centrado en la producción de gas. Será fundamental observar si estas iniciativas logran cumplir los objetivos planteados y asegurar la independencia energética del país en el futuro próximo.
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