¿Han notado que las computadoras han mantenido precios asequibles, incluso bajo la sombra de la escasez de semiconductores? Así lo pensábamos hasta hace poco, pero la realidad comienza a cambiar. Recientemente, al explorar el sitio web de Walmart, encontré una laptop HP por poco menos de 4,000 pesos, lo que me hizo cuestionar las advertencias sobre un inminente aumento de precios. Sin embargo, al profundizar en el tema, los comentarios de Antonio Neri, presidente de HP, cobraron relevancia. En diciembre, Neri anunció incrementos de precios ya en marcha desde noviembre, destacando que estos cambios son consecuencia de factores fuera del control de la empresa.
La situación no es única de HP. Tim Cook, director de Apple, también ha eludido dar detalles sobre futuros aumentos, aunque el precio de un iPhone ya supera los 30,000 pesos y las expectativas no parecen positivas. Hasta la fecha, las cifras del Inegi no muestran un aumento en los precios de computadoras y smartphones, pero muchos anticipan que esto puede cambiar, incluso extendiéndose al sector automotriz.
El trasfondo de esta problemática es menos glamoroso que el lanzamiento de un nuevo iPhone y más cercano a una competencia en el mercado mayorista por la escasa memoria DRAM y NAND. Estas chips son esenciales no solo para las laptops y smartphones, sino también para los servidores que alimentan la inteligencia artificial (IA). Con los centros de datos ofreciendo precios más altos por estos componentes, los fabricantes están priorizando la producción de memoria para ellos, dejando a los consumidores en una situación incierta.
Los datos apuntan a que, al igual que en 2021, estamos ante una nueva fase de asignación de suministro, lo que ya está generando un impacto directo en los precios. Las proyecciones, que apuntan a un aumento en el costo promedio de smartphones hacia 2026 y un encarecimiento claro de PCs, sugieren que el consumidor podría enfrentarse a precios más elevados en el corto plazo.
Particularmente vulnerables son las computadoras de gama baja, que enfrentan márgenes de ganancia estrechos. Si el costo de los componentes incrementa, el resultado puede ser un aumento de precios o la desaparición de ciertos modelos. Este cambio en la dinámica del mercado podría ser una sorpresa para el consumidor mexicano, que históricamente ha visto la tecnología como algo que siempre tiende a abaratarse. Sin embargo, la competencia por recursos como la memoria, influenciada por la creciente demanda de la IA, está rompiendo esa tendencia.
El sector automotriz también podría ver efectos colaterales, dado que los coches modernos son cada vez más tecnológicos, integrando múltiples sistemas que requieren memoria. Si los costos de los componentes suben significativamente, es probable que los vehículos, especialmente los eléctricos, enfrenten incrementos en sus precios.
Aunque los datos del Inegi aún no lo reflejan, hay que tener cuidado: la inflación tecnológica tiende a llegar tarde a las estadísticas. La situación actual presenta una oportunidad para que los consumidores evalúen la posibilidad de adquirir computadoras antes de que los precios aumenten. En este momento, la oferta de una HP por debajo de 4,000 pesos puede ser la última oportunidad para muchos; en seis meses, tal vez solo quede el recuerdo de los precios accesibles.
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