A medida que se acerca el Mundial, la realidad de los aeropuertos en México se tiñe de incertidumbres y desafíos. A escasos días del evento internacional, surgen alertas rojas que ponen en la mesa cuestiones críticas relacionadas con la movilidad, el mantenimiento y las problemáticas laborales que, hasta ahora, permanecen sin resolver.
Desde la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), bajo la dirección de Jesús Antonio Esteva, parece haber una estrategia de dilatación en las negociaciones laborales, buscando evitar huelgas que podrían dañar la imagen del país y afectar las ganancias generadas por el importante flujo turístico. De hecho, los 380 controladores aéreos, distribuidos en 58 terminales, han planteado demandas claras: mejores condiciones laborales, capacitación profesional, un aumento en el personal cualificado y salarios más competitivos. La magnitud de una posible huelga es alarmante; el costo podría equivaler al 3.2% del PIB nacional, similar al impacto de la pérdida en remesas.
Otro punto a considerar es el conflicto en torno a los taxis. Con 200 unidades de taxis federales concentradas en los aeropuertos, que ya enfrentan las exigencias del “derecho de piso”, la situación se complica con la llegada de competidores, como los taxis de plataformas digitales. Este cambio, pese a cumplir con normativas internacionales, se traduce en una posible pérdida de ingresos para el gobierno.
Las empresas que administran terminales aéreas, como OMA bajo el liderazgo de Ricardo Dueñas, GAP con Raúl Revuelta al mando, y ASUR, comandada por Adolfo Castro, no tienen autoridad para gestionar servicios de transporte terrestre. Esta es una responsabilidad que recae en el gobierno federal, incidiendo en la dinámica de una situación que podría volverse caótica para los turistas.
Las negociaciones continúan, aunque directivos de plataformas como DiDi y Uber han señalado que las autoridades de la SICT parecen estar poco interesadas en abordar estos problemas. Esto podría resultar en un panorama desalentador para quienes dependen del transporte eficiente a su llegada al país. A medida que avanza la semana, se prevé que los taxis no estén preparados para atender a los visitantes, lo cual podría desembocar en un aumento en los precios y en la insatisfacción de los usuarios.
Además, las remodelaciones en la principal terminal aérea de México están aún en el aire y no se espera que concluyan a tiempo para el fin de semana, cuando se anticipa la llegada de una ola de turistas. Este retraso se une a la saturación crónica del aeropuerto, creando un escenario propenso a complicaciones.
Por otro lado, el aeropuerto alterno, Felipe Ángeles, enfrenta serios desafíos de movilidad, con vías de acceso que apenas cumplen con estándares internacionales. La falta de rutas alternativas acentúa el caos en horas pico, lo que excluye la posibilidad de que esto mejore a corto plazo.
A medida que se acerca el gran evento, las interrogantes quedan en el aire: ¿serán capaces las autoridades de resolver estos problemas antes de que estallen a la vista de turistas nacionales e internacionales? La solución parece un verdadero rompecabezas, dejando a todos los involucrados con la inquietante sensación de que el tiempo se agota.
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