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A Adama Thiam no le gusta madrugar. Sin embargo, cada día, a las seis y media de la mañana, llega a la estación de Thiaroye y espera que pase el tren. “Si vengo media hora más tarde hay tanta gente que me toca esperar y esperar”, dice con gesto de mal humor. Llega a su trabajo en una tienda de recuerdos para turistas del mercado Kermel una hora antes de que abran las puertas. “Así me da tiempo a desayunar”, remacha. El tren expreso regional de Dakar (TER) se inauguró en 2021 y enseguida se convirtió en un medio de transporte fundamental para la capital senegalesa pese a su carácter deficitario y a los enormes desafíos de gestión que presenta para un país ahogado por la deuda.
Con apenas 36 kilómetros de vías que enlazan la ciudad con el extrarradio, cada día lo utiliza una media de 65.000 personas, hasta 90.000 en los días laborales. Construido en cinco años por empresas francesas y turcas y con el apoyo financiero del Banco Africano de Desarrollo y el Banco Europeo de Inversiones, entre otras entidades, este tren de cercanías se ha convertido en un símbolo de la modernización de Dakar. El pasado 20 de junio, el presidente Bassirou Diomaye Faye invitó a los medios de comunicación a acompañarle en una visita a esta línea ferroviaria y anunció que antes de final de año será ampliada en otros 19 kilómetros, la segunda fase, para unir la capital con el aeropuerto Blaise Diagne.
Sin embargo, negros nubarrones amenazan el proyecto. Los pasivos ocultos heredados del anterior gobierno han convertido a Senegal en uno de los países más endeudados de África, con un montante que roza los 40.000 millones de euros y supone más del 130% de su producto interior bruto (PIB). El Ejecutivo ya paga a sus proveedores y contratistas a 18 meses porque debe hacer frente a los intereses acumulados y los inversores ya no perciben a Senegal como un destino seguro. En este contexto, la visita de Faye al TER debe leerse como un mensaje para mostrar el apoyo público a su ampliación, con la intención, en una tercera fase, de llegar incluso a la ciudad de Thiés.
En la actualidad, el tren de cercanías es deficitario. Gestionado por la Sociedad de Explotación del Tren Expreso Regional (Seter), filial de la Sociedad Nacional de Líneas Férreas (SNCF) que cuenta con una participación estatal del 34%, sus ingresos apenas cubren el 60% de su coste. El año pasado, el ministro de Transportes, Yankhoba Diémé, reconoció que “el hecho de que el TER carezca de un verdadero alcance regional” les cuesta caro y “limita su efectividad”. Es decir, la salvación del tren es llegar aún más lejos. A finales de este año concluye el contrato operativo con la SNCF y el Gobierno quiere renegociar sus términos para que los inversores privados asuman una parte mayor del gasto. La discusión se prevé compleja.
Transporte público
Pese a su elevado coste —el Estado ha tenido que desembolsar unos 82 millones de euros en tres años para paliar las pérdidas— la apuesta pública por el tren es sólida. La ciudad de Dakar, que incluyendo su extrarradio cuenta con más de cuatro millones de habitantes que se mueven a diario, necesita desarrollar el transporte público, como así está haciendo con el Bus de Tránsito Rápido (BRT). El TER es uno de sus ejes principales. En la percepción ciudadana de toda África, el tren ha pasado de ser una herencia colonial impuesta por las metrópolis en su propio beneficio a convertirse en la mejor alternativa para la movilidad frente a una red de carreteras insuficiente, en mal estado y que necesita de una constante conservación.
Adama acaba su jornada de trabajo y se encamina hacia la estación de Dakar, un auténtico vestigio de la colonización que data de 1885 y que fue completamente renovada para acoger la nueva línea del TER. Decenas de personas hacen cola ya en las taquillas para comprar un billete que cuesta entre 75 céntimos y dos euros y medio, aunque ella se salta la espera porque tiene un abono mensual de nueve euros. Hasta Thiaroye son apenas 15 minutos de viaje que tendrá que hacer de pie, pero le compensa. “Antes tardaba 45 minutos”, asegura contenta de volver a casa.
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