En el año 1865, el economista británico William Stanley Jevons hizo una observación que, a primera vista, parecía contradictoria. A pesar de las mejoras significativas en la eficiencia de las máquinas de vapor que utilizaban carbón, el consumo de este recurso no disminuyó. Al contrario, al abaratar su uso y hacerlo más eficiente, la demanda de carbón creció considerablemente, dado que la tecnología se aplicó en un mayor número de sectores.
Este fenómeno, conocido como la Paradoja o Efecto Jevons, sugiere que al aumentar la eficiencia de un recurso, se puede incrementar su consumo total debido al aumento en la demanda. Hoy, este efecto puede relacionarse con otro aspecto contemporáneo: la inteligencia artificial. Esta tecnología está revolucionando el manejo del conocimiento de manera similar a cómo la máquina de vapor transformó la energía.
En la actualidad, tareas como redactar documentos, analizar enormes volúmenes de datos, programar, generar contenido y diseñar estrategias de marketing son ahora realizadas en una fracción del tiempo que antes requerían. Esto podría llevar a la suposición de que se necesitarán menos personas en el mercado laboral. Sin embargo, el Efecto Jevons propone una alternativa: si la producción de conocimiento se vuelve más accesible y rápida, más empresas podrán incorporarla, aumentando así la demanda de estos servicios y creando nuevas oportunidades de negocio.
Investigaciones recientes, como la realizada por Erik Brynjolfsson y sus colegas en 2023, han demostrado que la IA generativa puede incrementar significativamente la productividad de los agentes de servicio al cliente, especialmente entre aquellos con menos experiencia, además de mejorar la calidad del servicio. A lo largo de la historia, cada revolución tecnológica ha suscitado temores sobre la pérdida del empleo, pero en lugar de eliminarlo, estas innovaciones han transformado las ocupaciones existentes y han generado nuevas profesiones.
Hoy en día, existen especialidades como ciencia de datos, inteligencia artificial, automatización de procesos y ciberseguridad, que eran casi desconocidas hace apenas una década. Es crucial entender que la IA no necesariamente reemplaza empleos completos; más bien, modifica tareas específicas. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) concluyó en 2023 que la IA tiene un potencial mayor para complementar el trabajo humano en lugar de suplantarlo, especialmente en actividades que requieren juicio, creatividad y decisiones complejas.
Esto implica que las habilidades humanas, como el liderazgo, el pensamiento crítico y la inteligencia emocional, seguirán siendo altamente valoradas. Mientras la IA procesa información y propone respuestas, son las personas quienes generan confianza y toman decisiones. El verdadero riesgo no radica en que la IA elimine empleos, sino en que los profesionales que se adapten a esta tecnología sean significativamente más productivos que aquellos que decidan ignorarla.
Así como ocurrió con la introducción de Excel o con la expansión de Internet, la ventaja competitiva dependerá no solo del conocimiento técnico, sino de la capacidad de integrar esta tecnología en el trabajo diario. El Informe sobre el futuro del empleo 2025 también señala que millones de empleos se transformarán debido a la automatización y la IA, pero al mismo tiempo se generarán nuevas posiciones relacionadas con la tecnología y habilidades humanas.
Por lo tanto, el enfoque de Recursos Humanos debe cambiar. Ya no se trata solo de preguntarse qué puestos desaparecerán. Las preguntas estratégicas deberán centrarse en qué tareas se pueden automatizar, qué competencias son necesarias y cómo se rediseñarán los empleos. Hay que preguntar cómo se capacitarán los líderes para trabajar junto a la IA y cómo se fortalecerán las habilidades exclusivamente humanas.
En definitiva, la eficiencia tecnológica no necesariamente reduce el trabajo humano; en muchos casos, la aumenta. La inteligencia artificial eliminará actividades repetitivas y de bajo valor agregado, pero también abrirá la puerta a nuevos modelos de negocio, nuevas profesiones y una necesidad aumentada de talento capaz de fusionar la tecnología con el juicio humano. Así, el desafío para los profesionales del área de Recursos Humanos no es si la IA reemplazará a las personas, sino si se están desarrollando las competencias necesarias para el futuro del trabajo.
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