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Marine Le Pen anunció anoche en el telediario de la cadena privada TF1 que es candidata a las elecciones presidenciales francesas de la primavera de 2027, pese a que horas antes el Tribunal de Apelaciones de París la había condenado por malversación de fondos públicos. La líder del Reagrupamiento Nacional (RN), entrará en campaña con el descrédito de una sentencia que incluye penas graves, pero que también contiene la flexibilidad necesaria para dejarle una vía abierta para su supervivencia política. Le Pen no es una figura cualquiera en Europa, sino la dirigente más veterana de la extrema derecha europea y la favorita en los sondeos para suceder a Emmanuel Macron en la presidencia de la República. La posibilidad de que una persona condenada llegue al palacio del Elíseo extiende la mancha del desprestigio para el proceso electoral y, si gana, para el cargo, que en la V República ocupó por primera vez Charles de Gaulle, y para las instituciones de un país que es potencia nuclear y miembro del Consejo de Seguridad de la ONU.
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