La fusión de tradiciones culinarias se ha vuelto un tema central en la gastronomía contemporánea, y el platillo emblemático del pescado frito, destacado en la cultura británica como el indiscutible “fish and chips”, ha encontrado su versión reinventada en la cocina mexicana. Este deliciooso encuentro de sabores no solo ofrece una alternativa para los amantes del pescado, sino que también rinde homenaje a los ingredientes locales que realzan cada bocado.
Los componentes principales del platillo incluyen filetes de pescado blanco, que pueden ser bacalao, merluza, robalo, tilapia o huachinango, y se acompañan de papas fritas. Lo excepcional de esta receta radica en su masa, que a diferencia del tradicional capeado británico, incluye ingredientes que aportan textura y sabor: harina de trigo, fécula de maíz, sal, pimienta y paprika, junto con una base de cerveza clara fría o agua mineral. Esta combinación da como resultado un rebozado crujiente y ligero, ideal para realzar la frescura del pescado.
La preparación es meticulosa pero accesible. Primero, las papas deben ser peladas y cortadas en bastones, sumergiéndolas en agua fría para eliminar el almidón. Esta técnica es crucial para alcanzar ese nivel de crujiente que todos buscan. Tras un primer rebozado en aceite caliente, las papas se reservan, lo que permite una segunda fritura que las garantiza doradas y perfectas.
El proceso para el pescado sigue una estructura similar. Secar bien los filetes y pasarlos brevemente por harina asegura un mejor agarre del capeado. Posteriormente, al sumergirse en la mezcla especial antes de freírlos, se consigue que cada pieza sea una explosión de sabor.
Para complementar esta delicia, se sugiere una mayonesa de chipotle, que mezcla este aderezo cremoso con los tradicionales chiles chipotles adobados y un toque de limón. El resultado es un dip que no solo añade picor, sino que también liga magníficamente con el pescado.
Para aquellos que deseen llevar el platillo a un nivel más tradicional, la receta también permite servirlo con pico de gallo, salsa verde cruda o jalapeños en escabeche, ofreciendo un viaje sensorial que deleita al paladar.
Este giro en un clásico británico, potenciado por los sabores y técnicas mexicanas, no sólo celebra la herencia culinaria de ambos países, sino que también invita a todos a explorar creativamente en la cocina. Un platillo que emerge no solo como una opción para disfrutar en familia, sino también como un testimonio de la versatilidad y riqueza de la gastronomía global.
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