En el complejo mundo de las finanzas, el fortalecimiento de la relación entre las grandes entidades y los sectores más vulnerables se ha vuelto crucial. Un ejemplo notable lo ofrece Citi, a través de su Unidad de Finanzas Sociales, la cual busca conectar con lo que se conoce como la “última milla”. Este concepto se refiere a la capacidad de atender a aquellas comunidades que tradicionalmente han sido marginadas en el acceso a servicios financieros.
Jorge Rubio, director global de esta unidad, comparte experiencias vitales de su trayectoria profesional, como la colaboración con Compartamos, una institución que comenzó su andadura hace 20 años como una Sociedad Financiera de Objeto Limitado (Sofol) y que hoy en día opera como un banco regularmente establecido. Esta evolución sirve como modelo de cómo un enfoque económico inclusivo puede transformar realidades en Latinoamérica y más allá.
El trabajo de Citi no concluye aquí. La entidad, que tiene presencia en países como Perú, Kenia y Filipinas, se enfrenta a numerosos desafíos, uno de ellos es la protección del cliente frente a fraudes electrónicos, un tema de creciente relevancia en el marco colaborativo actual. Rubio enfatiza la importancia de salvaguardar la integridad de los clientes, dado el aumento de transacciones digitales y la expansión del comercio electrónico.
A pesar de los retos que supone atender a estos sectores vulnerables, la visión de Citi sobre el mercado mexicano es optimista. Según Rubio, “México es y siempre será un mercado importante para Citi”, subrayando la necesidad de invertir en iniciativas que empoderen a las comunidades locales.
Entender los desafíos y las oportunidades que se presentan en este contexto es vital para el futuro del sector financiero y para el bienestar de miles de ciudadanos que buscan mejorar su calidad de vida a través del acceso a servicios adecuados y seguros.
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