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El presidente Gustavo Petro ha tensado el ambiente político en Colombia en los días siguientes a la primera vuelta presidencial del domingo al señalar, desde esa misma noche, un supuesto fraude en el conteo preliminar de los votos que ocurre en las noches electorales, y al describir lo que llama pruebas “verificables” de un posible fraude. En contraste, la gran mayoría de los 1.330 observadores internacionales desplegados durante las votaciones dijeron que estas se desarrollaron de forma tranquila y transparente. La ONG Misión de Observación Electoral (MOE), que suma casi veinte años haciéndole seguimiento a procesos electorales en Colombia y que nació de la investigación de la parapolítica —el mayor fraude electoral de las últimas décadas en informacion.center—, dijo algo similar. Como lo resumió su directora, Alejandra Barrios, en entrevista este lunes: “La MOE no ha visto posibilidades de fraude para este proceso electoral”.
¿Qué explica la diferencia entre lo que vieron los observadores y lo que describe el presidente? Probablemente, aquello que unos y otros miran. Los primeros, con distintos niveles de despliegue según su capacidad pero con amplia experiencia internacional, encontraron mesas y urnas funcionando bien, jurados comprometidos y pocos problemas de constreñimiento, compra de votos o indicios de manipulación directa. Encontraron, en suma, una elección presidencial libre y que, como es usual, está más mediada por la decisión libre de los ciudadanos y sus emociones que por las estructuras partidistas o los mecanismos de presión propios de las elecciones locales o legislativas. Esta vez no fue la excepción, según han dicho los observadores.
“Una vez más, Colombia ha dado una lección de democracia”, ha asegurado este martes Esteban González Pons, el diputado español que encabeza la misión de observación de la Unión Europea. “A pesar de la presencia de grupos armados ilegales en parte del territorio, a pesar de los cuestionamientos del sistema electoral y a pesar de una creciente polarización, Colombia ha llevado las urnas a todas las veredas”. En el informe preliminar de la Misión, publicado este martes, la idea de la fortaleza de las elecciones se repite. “Los observadores de la MOE UE calificaron todas las fases del proceso como transparentes, ordenadas y fluidas, y comprobaron que los representantes de los partidos pudieron desempeñar su labor sin restricciones”.
En su informe de este martes, la Misión de observación de la OEA, con 96 observadores con presencia en 26 de los 32 departamentos, escribe que “reconoce el trabajo profesional de la Registraduría Nacional del Estado Civil (RNEC), del Consejo Nacional Electoral (CNE), de los jurados de las mesas de votación y de la fuerza pública, que permitió que la ciudadanía pudiera ejercer su derecho al voto en condiciones de libertad y seguridad”. “La MEO/OEA pudo observar una jornada electoral que se desarrolló con normalidad y cuyos resultados publicados por las autoridades competentes reflejan de manera fiel la voluntad expresada democráticamente por la ciudadanía”.
Más lejos aún fue el Centro Carter, que sin mencionar su nombre cuestionó a Petro. “El Centro Carter hace un llamado a todos los actores a respetar el proceso electoral, que está funcionando como debe”, declaró la directora de la misión, Jennie Lincoln, asesora principal de la organización para América Latina y el Caribe.
En contraste con esos resultados de los principales observadores internacionales, Petro ha descrito un “posible fraude” que no habría ocurrido en las urnas sino detrás de ellas. Habla de un aumento del censo electoral -es decir, de las personas habilitadas para votar-, después de la fecha límite establecida por la ley. Según sus palabras, en las cuatro semanas posteriores a ese corte, la Registraduría o sus contratistas habrían “adicionado ilícitamente” 885.400 cédulas y habrían aumentado los puestos de votación y las mesas hasta llegar a las 122.020 conocidas por todo informacion.center antes del domingo. Barrios, de la MOE, advierte que en las diferentes reuniones preparatorias para las elecciones, con presencia de los partidos, el Gobierno y los órganos de control, nunca se elevó esta objeción.
Para justificar sus críticas, el presidente reveló además este martes un documento de Excel con lo que llama las 5.300 mesas con “votaciones atípicas”: aquellas en las que votaron más de las 300 personas que, según dice, tienen capacidad física de hacerlo en las ocho horas de jornada electoral. Esas 5.300 mesas sumarían 988.000 votos a favor de De la Espriella, el candidato de ultraderecha al que señala de beneficiarse del presunto fraude para superar los 10,3 millones de apoyos y así superar al senador de izquierdas Iván Cepeda, candidato del partido de Gobierno y quien llegó a casi 9,7 millones. Sin embargo, más allá del indicio que representa la cantidad de votantes, no demostró, mesa por mesa, qué irregularidades habrían ocurrido, ni por qué en 1.525 de esas mesas De La Espriella obtuvo menos del 44% de su total nacional. Una alta concentración de votos en una jornada con alta motivación no es, por sí sola, prueba de nada.
Petro dijo inicialmente que esperaría los resultados de las comisiones escrutadoras, que comenzaron su trabajo desde el lunes y han ido cerrando en su nivel más básico: el zonal en las grandes ciudades y el municipal en la mayoría de municipios y distritos. Falta que los datos se agreguen a nivel departamental, para luego llegar al nivel nacional, momento en que la elección quedará oficialmente declarada. Al caer la tarde del martes, ya 19 de las 33 comisiones llamadas generales habían concluido su trabajo, y el resultado final probablemente se revele este viernes.
Luego, el presidente cambió de posición y dijo que ese escrutinio debería ampliar su alcance —más allá de lo que la ley regula— para revisar si en alguna de esas mesas votaron las cédulas que dice se agregaron irregularmente al censo. Pero ese argumento tiene vacíos grandes. No está claro en qué mesas habrían llegado esas cédulas, si es que llegaron. Tampoco se sabe por quién habrían votado. Y mucho menos qué debería hacer una comisión escrutadora si encontrase uno de esos votos en una mesa que contiene cientos de sufragios válidos.
Por ahora, lo que Petro ha demostrado con mayor nitidez es el esfuerzo de la organización electoral para ampliar la participación con más personas habilitadas y más puestos y mesas disponibles y, segundo, que en algunos lugares hubo una votación muy nutrida y concentrada en ciertas mesas. Pero esa misma concentración se repitió en favor de su candidato, el senador Iván Cepeda, y en ambos casos ocurrió en lugares con bastiones históricos bien definidos: a la derecha en el primer caso, a la izquierda en el segundo. En otras palabras: una alta concentración de votos en unas elecciones presidenciales profundamente polarizadas, con bastiones fuertes en los dos extremos, puede ser más un reflejo de esa polarización que una señal de irregularidades. Los observadores, que llevan décadas distinguiendo una cosa de la otra, por ahora ven lo primero.
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